Historia nº 8: La “abuela” Rosa

 

A los noventa años, Ramiro Santisteban aún recuerda con desolación el día que él y su familia tuvieron que abandonar su tierra natal huyendo de las tropas nacionales. Acogidos por el país galo, el ejército francés le alista en sus filas junto a su padre y a su hermano cuando estalla la Segunda Guerra Mundial y le traslada en tren al norte de Francia. Es en ese lugar donde los tres caen prisioneros de los alemanes y son conducidos al campo de exterminio nazi de Mauthausen, en Austria. Allí, Ramiro asiste a escenas que jamás podrá olvidar: el horno crematorio siempre humeante, castigos constantes a los prisioneros judíos, cámaras de gas de donde los compañeros nunca salen, humillaciones, vejaciones sufridas en carne propia, hambre, dolor, enfermedades y una sola idea en mente: sobrevivir. Cinco años después, cuando por fin él, su padre y su hermano son puestos en libertad, el padre muere en París con los pulmones destrozados. Manuel, su hermano, decide pasar la frontera ilegalmente e ir al encuentro de su madre, pero es acribillado a balazos por la guardia civil.
La suerte de Ramiro es otra. Destrozado por el dolor de una vida deshecha y por la muerte de los suyos, trata, como puede, de iniciar un nuevo periodo de su vida en París. Conoce a Niní, una funcionaria del Ministerio de Justicia por cuyas manos pasan los expedientes de los criminales nazis. Junto a ella, consigue borrar el dolor de tanto sufrimiento para así poder iniciar una nueva vida.
Del resumen de AMANECE EN PARÍS

 

Amanece en París, de la editorial Temas de hoy (2010) es un libro de la escritora y periodista Paloma Sanz, basado en los recuerdos de Ramiro Santisteban, laredano superviviente del Campo de Exterminio de Mauthausen.

Frente a la dureza de la mayor parte de la publicación encontramos dos momentos donde el protagonista viva una etapa dichosa: una se refiere al momento en que conoce a su esposa Niní, que va ser a ser un bálsamo para sus experiencias con los alemanes y la separación de los suyos y la otra la encontramos en los inicios del relato cuando Ramiro nace en La Pesquera y dura hasta el sobresalto de la rebelión militar y el inicio de la guerra civil que terminaría con su exilio.

Desde el momento en que Ramiro va a nacer surge un personaje cercano y tierno que forma parte de la familia.

Se trata de Rosa, una tía de Silvina, la madre de Ramiro, que la ha criado en su pueblo desde que quedó huérfana y la ha instruido para enfrentarse a la vida y al trabajo. De ella se dice que es soltera y huérfana, como Silvina.

Rosa ejerce como la abuela de la casa, asistiendo a Silvina en sus múltiples partos, cuidando a su extensa prole mientras Silvina atiende su negocio de fonda y alojamiento y preparando las meriendas en las excursiones que puede disfrutar la familia.

Cuando la familia deja La Pesquera camino, primero de Cataluña y más tarde del exilio francés, Rosa va con ellos y será un puntal indispensable para Silvina, especialmente cuando viene la separación del marido y los dos hijos mayores y cuando vuelve a Laredo y tiene que empezar de cero.

Muere pocos años después del regreso Rosa, mayor y cansada de sus avatares y los de los suyos.

Para satisfacción de los descendientes de la familia, hemos conseguido identificar a la abuela Rosa.

Natural de Liendo, donde había nacido en octubre de 1866, había enviudado cuando acoge a su sobrina Silvina.

Su nombre era Rosa Ortiz Gil.

 

El Exilio Laredano (V): Un hogar en Cataluña – La Comuna de Santa Coloma de Queralt.

Encontramos en Santa Coloma de Queralt (Tarragona) la mayor presencia de laredanos que hemos podido constatar.

En el periodo de la Segunda República pasa a llamarse Segarra de Gaia, posiblemente por motivos anticlericales y en 1937 pasan a acuñar monedas y billetes propios, conociéndose su peseta también por el nombre de la localidad

Es una localidad agrícola, con una fuerte presencia de anarquistas muy bien organizados y muy solidarios  que organizan en la fortaleza de la localidad (hoy edificio de la Casa de Cultura) un refugio para los acogidos de otras regiones y provincias del país, que huyen  de la represión de los franquistas.

Santa Coloma-El Castell

 

  • Los lugareños no observaban con desconfianza al principio, pero rápidamente cambiaron por una actitud de entrega y solidaridad impresionante, repetía mi madre de continuo.
(hijo de María Cuesta)
  • ïbamos de excursión hacia Asturias en un bus de dos plantas, la alta ocupada por laredanos que íbamos cantando. De repente subió un hombre que nadie conocía y se puso a cantar con nosotros. Decía ser catalán, de Santa Coloma y que sabía las canciones de la época en que los refugiados de Laredo estuvieron allí, porque se convirtieron en canciones del pueblo.
(nietas de Luisa Gutiérrez Linares)

Por el testimonio de  los descendientes, sabíamos que en Santa Coloma de Queralt estuvieron:

Familia Trueba – Aja, formada por la madre, sus 6 hijas y su hijo menor.

Otro hijo está trabajando en la retaguardia y está ocasionalmente. Aquí está su prometida.

Familia Tocornal – Gutiérrez, formada por una madre y dos hijas adultas.

Familia Roseñada – Tocornal, formada por una madre y 3 hijos menores (*)

(*) Se da la cincunstancia de que la madre de este grupo es hija y hermana del grupo anterior

Familia Lastra Bustamante, 4 hermanos, mujer e hija de uno de los varones, sus cuñado y dos hijos.

Familia Albo – Cuesta, la esposa (**)

(**) El marido está en el frente y al caer Cataluña defiende Valencia. Tras su caída se reúne con la esposa.

Familia Beci – Edilla, una madre con su hijo pequeño.

Un ciudadano, Valentín Ugartividea Arguiñarena

Un miembro de la familia Puente Izaguirre, que estuvo estudiando la historia de su familia, sobre Santa Coloma de Queralt, informa:“Tenía una población de unos 3500 habitantes. Acogieron a muchos refugiados en un Castillo, unos 175, entre ellos muchos laredanos. Los voluntarios que les atiendieron eran mayoritariamente anarquistas (muchos de los de Laredo que conocemos su militancia también lo eran). Se creó un gran ambiente de compañerismo entre los nativos y los acogidos y se celebraron algunas bodas entre ellos.Visité esta localidad agrícola y con el archivero encontramos en un desván fichas de acogidos en muy mal estado. Pude tomar nota de:

  • Puente Izaguirre, las 2 hijas y el hijo menor. (*)                                                         (*)   Debía estar también la hija de una de las hermanas.
  • Tramullas (habla en singular)
  • Faraudo Talledo, una viuda y dos sobrinos
  • Los de Albo, con 8 hijos de 6 a 23 años (Por las edades de los hijos debe tratarse de un error y tratarse los mencionados Trueba Aja)
  • Los de Lastra Bustamante (ya citados arriba)
  • Los de Tocornal (ya citados arriba)
  • Torres Marín
  • Alcalde Gonzalo” (suponemos se refiere a Gonzalo Salviejo, primer Alcalde del Frente Popular, que salió de Laredo con su mujer, 2 hijas, 2 hijos y sus suegros).
Últimamente hemos encontrado mas personas sueltas, sobre todo mujeres,  una de ellas son un hijo.Camino, Filomena 1

Mujeres de Laredo en Santa Coloma de Queralt:

de pie: Belén Alonso, Mena Camino, Concha Zubieta y Manuela Torre

la mujer sentada no está identificada, pero también puede ser de Laredo

El Penal del Puerto de Santa María

Tres de nuestros trabajos están relacionados con el Penal del Puerto de Santa María (Cádiz) al haber cumplido condena en este duro centro nuestros protagonistas. Los tres tienen en común, además, una condena a Cadena Perpetu (3o años de Reclusión Mayor) por sendos delitos atribuidos de Adhesión a la Rebelión Militar.

Vicente Puente, laredano, al salir en Libertad condicional con Destierro, vive en Avilés y acaba exiliado en Francia, tras una peculiar odisea.

Julián Cuevas, santoñés de adopción y casado con una laredana, al salir en libertad condicional fija su residencia en Laredo, donde ha fijado la residencia su mujer.

Antonio Sánchez, cordobés que en El Dueso conoce a la que sería su mujer que va al penal a atender a unos vecinos. Al salir en libertad termina en Laredo.

(Vicente, Julián y Antonio)

Los penales del Dueso y del Puerto de Santa María tienen en común la dureza de sus condiciones para los presos y en 1938, por orden de Instituciones Penitenciarias, realizan un intercambio de presos con el fin de incrementar la pena de los condenados, alojándoles de sus lugares de origen. Así, Vicente y Julián irán al Puerto, mientras Antonio llega a Santoña.

Para definir las duras condiciones del Puerto de Santa María, reproducimos parte del artículo del Diario digital Público, de 21 de Abril de 2018:

“Mejor quisiera estar muerto, que preso toda la vida en el penal del Puerto”

Un documental inédito de las directoras Vanessa Perondi y Sara Gallardo relata la crudeza de la vieja cárcel del Puerto de Santa María, uno de los bastiones represivos más importantes del régimen. 16.000 presos políticos pasaron por este penal. 600 hombres perdieron la vida dentro de sus muros.

Antigua imagen de la prisión del Puerto de Santa María. / Relatoras Producciones
Antigua imagen de la prisión del Puerto de Santa María. / Relatoras Producciones

Nadie en el Puerto de Santa María (Cádiz) olvida una copla antigua que recuerda la terrorífica cárcel, la del Penal, que tuvo abiertas sus puertas hasta 1981. “Mejor quisiera estar muerto, mejor quisiera estar muerto, que preso para toda la vida, en ese penal del Puerto, Puerto… Puerto de Santa María…”. Los familiares y vecinos del pueblo gaditano recuerdan aquel espacio donde murieron casi 600 presos en plena posguerra. “¡Esto no es una prisión, esto es un penal!”. El Penal fue el “mal del mal” detallan los familiares. Hambre, enfermedades, hacinamiento y torturas castigaron a cientos de hombres hasta bien entrada la Transición. Muchos de ellos murieron por enfermedades relacionadas con la desnutrición y falta de alimento.

El documental ‘El Penal: rostro y alma del mito’ recoge el ingente trabajo del Foro por la Memoria de El Puerto para la recuperación de todos los presos políticos que pasaron por este bastión represivo. 16.000 hombres encarcelados hasta finales del régimen. Solo en la posguerra la prisión alcanzaría niveles de población escalofriantes. 5.479 reclusos, quintuplicando el número de presos habituales antes de la guerra.

Ni hablar, ni cantar, ni silbar… silencio absoluto

Más de 16.000 hombres encarcelados hasta finales del régimen

Vanessa Perondi y Sara Gallardo, autoras del documental, relatan a Público como todos los testimonios documentan el terror que se vivía intramuros. Una auténtica “cárcel del horror” y mucho penar. “Hablamos de hacinamiento, enfermedad, y hambre. Porque en esta prisión la gente moría de hambre. La población reclusa era totalmente desorbitada pero el dinero que se tenía para preparar el rancho de los presos no se aumentó, con lo cual la gente no llegaba a ingerir las calorías necesarias para subsistir”.

La dieta de los reclusos se componía de alimentos en estado de descomposición. El estudio ‘Una cárcel de Posguerra’, de la prisión central del Puerto en 1940 destaca que “no había otro menú que berzas forrajeras: nabos podridos cocidos con agua, coles, vainas de habas”. El hambre arreciaba sobre una población que fallecía víctima de la desnutrición.

Pilar Peruyera vicepresidenta del Foro por la Memoria de El Puerto, afirma a Público como la represión franquista llevó en este municipio a la muerte y humillación pública de “obreros, comerciantes intelectuales que habían sido muy respetados socialmente y pasaron a convertirse en criminales”.

Las condiciones de vulnerabilidad eran muy fuertes, sin protección ni medidas higiénicas. “Se vive una incautación física y moral a través de una humillación personal de cada uno de los reclusos”. La cifra de fallecidos es tremenda. 600 presos mueren en la represión dentro del penal, “Caquexia, síndrome carencial, tuberculosis, tifus, ulceras…” apunta Peruyera. Una extensa tipología de fallecimientos para maquillar los datos. El informe de los Libros del Cementerio y de Defunciones del capellán de la Prisión así lo confirma. Se contabilizaron 318 muertes no violentas entre abril de 1939 y julio de 1942.

Ramón Rubial, uno de los presos que aparece en la cinta relata que “había días que morían hasta tres presos de inanición”. Cuenta cómo tenían que dormir de canto porque si no, no cabían. A parte estaban los que fusilaban, torturaban… “Eran presos políticos en manos de sus enemigos”.

Fotografía de Lucía García Cobos. / Relatoras Producciones

Fotografía de Lucía García Cobos. / Relatoras Producciones

Lucía García Coiros es otro de los testimonios más crudos del documental. Actualmente reside en Puerto Real y relata la historia de su madre que a día de hoy tiene una estatua en uno de los jardines de la vieja cárcel. Recuerda, a pesar de que era una niña, cuando su madre iba a ver a su padre que estaba allí encarcelado. “El murió de tuberculosis o caquexia no recuerdo exactamente pero no duró mucho tiempo allí. Fue muy duro todo aquello”.

Uno de los datos que dejaría atónitas a las directoras de ‘El Penal: rostro y alma del mito’ fue las historias sobre las celdas de aislamiento. Pilar y Vanesa cuentan como los presos que iban a estos espacios lo hacían por periodos de hasta 90 días. “No podían emitir ningún sonido, ninguno. Ni cantar, ni silbar, ni hablar contigo mismo, ni toser… nada, silencio absoluto”.

Un antiguo monasterio religioso

“Eran presos políticos en manos de sus enemigos”

El famoso penal del Puerto de Santa María se construyó sobre los cimientos del antiguo monasterio de la Victoria, desamortizado a finales del siglo XIX. No fue hasta la posguerra cuando la Prisión Central del Puerto de Santa María alcanzaría los niveles de poblamiento más elevados de su historia. El municipio gaditano contaba con una población de 22.264 habitantes. El 20 por ciento de su población se encontraba cumpliendo condena. Tres de cada diez hombres que estaban censados en El Puerto en 1940 eran reclusos.

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La procedencia era diversa. El investigador Daniel Gatica apunta que esta prisión “se convirtió en uno de los centros penitenciarios cuantitativamente más importantes de todo el país”. No llegaban a la mitad (43,17 por ciento) los presos andaluces, siendo el mayor grupo, vecinos del resto de España (55,92 por ciento). Tampoco faltaba entre sus filas un reducido grupo de 50 extranjeros. Sin embargo, los estudios realizados han permitido descubrir que el perfil más típico de la prisión del Puerto en la posguerra sería el de varón, de 36 a 37 años de edad, casado, que sabe leer y escribir y cuya actividad económica la desarrollaba como campesino o jornalero.

Documentación requerida a los presos en la cárcel del Puerto de Santa María. / Relatoras Producciones

Documentación requerida a los presos en la cárcel del Puerto de Santa María. / Relatoras Producciones

La insalubridad alcanzaba cotas estremecedoras. Miles de presos se veían obligados a hacer sus necesidades en un recipiente que se iba pasando de celda en celda…, no existían condiciones de habitabilidad. “Ventanas sin cristales, naves y servicios higiénicos insuficientes”. Un auténtico infierno.

No fue hasta los años cincuenta cuando se produjo una “disminución efectiva del número total de reclusos” con la creación dentro del penal de células de los partidos políticos y organizaciones sindicales clandestinas”, según destaca el periodista Manuel Martínez.

Con la llegada de la Transición en esta cárcel se seguía ejerciendo la violencia. Sin piedad. De hecho hasta que se cierra en 1981 hay testimonios que lo atestiguan como el de Vladimiro Fernández Tovar que abandonó la prisión en 1977 quedando en libertad bajo la ley de Amnistía.

Finaliza con el relato sobre otra otra víctima.

Laredo y El Garrote Vil (II)

Pero sí queremos hoy destacar, y volvemos a Guerra Civil en Cantabria y pueblos de Castilla, de Jesús Gutiérrez Flores, publicación en la que se afirma que “Laredo es el municipio donde mayor número de víctimas sufrieron la pena de Garrote Vil”

Aclaramos que este número, 6, es el mayor no solo en términos relativos o porcentuales sino también en términos absolutos, superando las de otras poblaciones muchísimo más pobladas, como Torrelavega o la Capital.

De la entrada “Laredo y el Garrote Vil” de 20 de marzo

 

A finales del mes de mayo se cumplen 80 años de un episodio negro en la historia de Laredo, relacionado con las víctimas de ejecuciones a Garrote Vil, episodio del que hablaremos oportunamente.

Antes, en diciembre de 1937 se han ejecutado por el mismo procedimiento a otras dos víctimas:

1.-   Poco hemos podido averiguar de Felipe Ruiz Fernández, ejecutado en la Cárcel de Larrinaga (Bilbao).

Nacido en Laredo, en 1887, estaba casado en Ajo, donde vivía y trabajaba como labrador

Debió ponerse a disposición del Frente Popular y realizar servicios en el cercano Penal de El Dueso. Detenido al entrar los nacionales es ingresado en el mismo Penal y sometido por el Consejo de Guerra de Bilbao a Juicio Sumarísimo en el que se  le condena a Pena de Muerte. Trasladado  a Bilbao el 17 de Diciembre de 1937, tras concederle tiempo para el ministerio de la confesión fue ejecutado a Garrote Vil el día 18.

2.-   Tres días antes de esa ejecución, se habría producido la de otro laredano de adopción.

Nacido en Santander en 1890, Joaquín Maza Rozas era vecino de Laredo, donde estaba casado. En 1917 trabajaba en Altos Hornos de Vizcaya y vivía en Sestao, donde nacieron los mayores de sus hijos.

En Enero de 1921 se produce un atentado en el que resulta gravemente herido el GErente de Altos Hornos, que fallece cuatro días después. Se implica en los hechos a Joaquín,pero en el Juicio celebrado dos años después sale absuelto.

En Laredo participa en la creación de Izquierda Republicana y al ganar las elecciones de febrero de 1936 el Frente Popular es nombrado Vicepresidente del mismo en Laredo. Al producirse la sublevación militar que dio origen a la guerra civil, es nombrado miembro del Consejo Municipal y responsable de la Cárcel Local.

A la entrada de los nacionales en Laredo es detenido e ingresado en la Cárcel Local. Se le pone a disposición del Consejo de guerra de Santoña, con informes de la Falange y la Guardia Civil atribuyéndole la responsabilidad de todos los “desmanes” republicanos en Laredo, pero también los Hechos de enero de 1921, de los que había sido absuelto. Fue condenado a Pena de Muerte y ejecutado mediante ahorcamiento.

Todavía cuatro años después, preparando los expedientes que justificaran la represión habida (Causa General), siguen utilizándose los mismos argumentos.

Archivos del Ministerio del Interior (Sign. 74580)

 

 

 

 

Santander, 1890

Vecino de Laredo, donde había enviudado.

Contratista de Obras.

Miembro de Izquierda Republicana, llegó a ser Vicepresidente del Frente Popular y Concejal Presidente de la Comisión de Finanzas del Ayuntamiento.

Detenido nada más caer Laredo es trasladado a la Prisión de El Dueso, en Santoña, localidad en el que le someten a Consejo de Guerra en la Plaza de la Villa.

Acusado de desarmar, requisar coches y dinero para las milicias y sacar a derechistas que desaparecerían de la Cárcel Local “de la que era guarda y tenía las llaves” asi “como ser uno de los principales responsables de los desórdenes y desmanes ocurridos en Laredo” fue condenado.

Trasladado a la cárcel vizcaína de Larrínaga, fue ejecutado a Garrote Vil, el 15 de diciembre de 1937. Tres días después será ejecutado por el mismo sistema Felipe Ruiz Fernández y en mayo siguiente, otros cuatro laredanos, hasta alcanzar Laredo el triste récor de ejecutados a Garrote Vil en la entonces provincia de Santander, en términos absolutos y relativos.

Un mes más tarde de su ejecución, su hijo Calixto Maza Pérez es sometido a Consejo de Guerra Sumarísimo y condenado a Pena de Muerte, siendo ejecutado por fusilamiento en el Cementerio de Ciriego y enterrado en una Fosa Común.

 

 

Las Cárceles de León (II): San Marcos

UN CAMPO DE CONCENTRACIÓN
CON FACHADA PLATERESCA
José María Calleja
Hablamos del terror caliente, de los primeros días de sangre, dolor y mie­do después de que triunfara en parte de España el golpe de estado militar franquista contra la legalidad democrática de la Republica.
Hablamos de San Marcos, atroz campo de concentración, lugar de espera y tránsito hacia la muerte, escenario de sacas, paseos, pánico, mugre y frío; edificio singular de fachada plateresca, imponente albergue para los futuros asesinados en régimen industrial.
Hablamos de hospital de peregrinos, de iglesia, de monasterio, de instituto, de cárcel, del lugar en el que penó Quevedo, de depósito de se­mentales, de campo de concentración y cárcel de exterminio franquista, que todo eso fue San Marcos hasta convertirse hoy en hostal y parador.
León fue una de las ciudades en las que antes triunfó el golpe de estado franquista contra la República democrática. El sábado 18 de julio se escucharon los primeros disparos en la ciudad, buena parte de los mandos militares apoyaron una sublevación que pronto se contagió y dividió a la provincia.
La idea de los golpistas estaba clara desde un principio: aniquilar a cuantos más republicanos, mejor; exterminar a las autoridades: alcalde, go­bernador civil, militares republicanos; y también detener y matar a maes­tros, secretarios, militantes, a ciudadanos denunciados por otros, señalados por ser contrarios al Movimiento Nacional.
La pronta saturación de las cárceles llevó a habilitar el edificio re­nacentista –que en su último uso había sido depósito de sementales del Ejército– como enorme campo de concentración. San Marcos se convirtió en un lugar de internamiento ilegal, al que eran conducidos, por militares y falangistas, aquellas personas que habían sido marcadas como republica­nas, contrarias al golpe, gentes de izquierdas.
En San Marcos estuvieron al tiempo 7.000 hombres y 300 mujeres y llegaron a pasar por sus sórdidas estancias más de 20.000 personas entre 1936 y 1940. Allí se vivió el paso del terror caliente de los primeros meses del golpe, al terror institucional, programado, sistemático, implacable.
Las condiciones de vida en aquel campo de concentración eran atroces: hacinamiento, frío, nula higiene, paupérrimo rancho y, sobre todo, miedo, pánico a ser paseado, terror a ser fusilado o asesinado de un tiro en la nuca.
Cada día, una multitud de mujeres se agolpaba a las puertas de San Marcos, a esperar bajo su hermosa fachada la terrible noticia de la muerte de su marido, su hermano o su hijo. Aquella obra plateresca incorporaba entonces grutescos humanos de terror y gritos, figuras humanas que hacían cola para llevar ropa a sus maridos y recibían la respuesta de los guardianes: “No hace falta, donde va ir no la va a necesitar”. Mujeres que llevaban leche, comida, a sus maridos y que eran despachadas con la brutal indife­rencia del matarife de guardia.
Los que aguardaban su muerte dentro del campo comían un ran­cho infame, vivían ateridos, estabulados junto a enormes tinajas en las que se acumulaban sus heces. La diana sonaba a las seis de la mañana. Había mujeres que se negaban a tomar la bazofia con gusanos que les echaban de comida y eran entonces rapadas al cero. Cada tarde, todas sin excepción, a las siete, se extendía un silencio tétrico y entonces eran extraídos los ca­dáveres –ocho, nueve, diez– de los que no habían sobrevivido a aquellas condiciones infames, se sacaban los féretros de los que morían antes de la muerte que les esperaba.
Había un lugar particularmente siniestro dentro del horror, la car­bonera; una celda de castigo en la que se hacinaban setenta presos en un espacio de cuarenta metros. Los grilletes tenían agujeros para adaptarse a los diámetros de los distintos reclusos.
Los domingos, los miembros de la Legión Cóndor visitaban San Marcos, se fijaban en algunas mujeres, hacían fotos, sonreían. Los alema­nes se alojaban en el hotel Oliden de León.
Hubo mujeres presas en San Marcos que perdieron a sus hijos re­cién nacidos o de corta edad y que no volvieron a verlos después de que la monja que se los arrebató les dijera que habían muerto.
De San Marcos se trasladaba a los detenidos al campo de tiro de Puente Castro, lugar de fusilamientos en masa que se perpetraban después de juicios que eran otra forma de tortura: procesos sumarísimos, sin la menor garantía, sin testigos, sin posible recurso, puros trámites hacia la muerte.
Por el campo de concentración de fachada plateresca pasaron, ca­mino de la muerte, el alcalde de León, el gobernador civil, los militares leales a la República y miles y miles de leoneses, entre otros mi padre, Luís Fernández, y dos tíos míos, José María Calleja y Domingo Fernández, “Chomin”. El primero, superviviente; y los otros dos, asesinados.
Tengo el recuerdo de cómo se transformaba la cara de mi madre cada vez que hablaba, poco y entre lamentos, de San Marcos. El de mi pa­dre y mis tíos es un caso más y no creo exagerar si digo que no hubo familia republicana de León que no tuviera a alguno de sus miembros recluido en aquel lugar siniestro.
San Marcos era una referencia en las clandestinas conversaciones familiares que yo recuerdo en mi infancia. De aquello se hablaba en voz baja en casa y no se debía hablar en la calle, me decían. Tampoco se podían contar a nadie las críticas contra el dictador que eran frecuentes en mi familia. La cara de mi madre, las pocas veces que hablaba de San Marcos, reflejaba un dolor, un desgarro vivo e hiriente, a pesar del paso de los años.
Yo he conocido el Hostal de San Marcos cuando fue parador y siempre he sentido un calambre al contrastar la belleza imponente de su fachada con lo horrores que acogió en su interior. Mi padre me llevó un día al Hostal, inaugurado en 1965. En la puerta había un portero uniformado que preguntó dónde íbamos y mi padre le contestó: “Yo he estado pensio­nado por Franco ahí dentro”.
Mi padre se sabía de memoria el techo de artesonados de madera que estuvo viendo día tras día, todos los días en que estuvo encerrado allí, sabía los trozos que le faltaban a uno de los cuarterones y experimentaba una inquietud sin aspavientos al entrar en aquel lugar reconvertido en pa­rador de lujo, que fue lugar de sufrimiento, miedo y exterminio de tantos leoneses y asturianos.
Hoy, San Marcos esta en sus alrededores. Las secuelas de sus fusi­lamientos están en las fosas comunes en las que sepultaban a los paseados; fosas comunes en las que fueron apilados los cadáveres de leoneses y as­turianos que creían que les llevaban detenidos a San Marcos, cuando en realidad les conducían para luego sacarlos pasearlos, para matarlos. Fosas como la de la Cenia, el puerto de Monte Viejo, Casasola, pinares de la Robla, alrededores del Monte de San Isidro.
Reconstruir lo que ocurrió en el llamado con atino campo de con­centración de San Marcos desde que Franco atentó contra la República hasta más allá de concluida la Guerra es el objetivo de este libro. Un libro necesario, que no hubiera sido posible sin la tenacidad y la calidad ciuda­dana de Encina Cendón. Un libro que deberían leer todos lo escolares para conocer el pasado y saber qué ocurrió en su país cuando la sangre ahogó la libertad. Un libro que cuenta lo que ocurrió, que narra la represión sistemática, la siembra de muerte y miedo por parte de quienes atentaron contra la libertad y establecieron una dictadura, un libro que cuenta una parte de nuestra historia, ahora que hay tantos que no quieren que se sepa de qué historia venimos.

El Exilio Laredano (IV): Un hogar en Cataluña – La Comarca del Ripoll: Llanars (y 2)

Llanars es una población  de Gerona, Comarca del Ripollés limítrofe con Francia,  a  2 Km. de Camprodon. Para ir de Llanars a la frontera hay que pasar por Camprodon, que dista 37 Km. de Prats de Molló, primera localidad tras entrar en Francia.

En 1939 tenía menos de 700 habitantes. No obstante, está documentado que en esta pequeña localidad estuvieron acogidos casi un centenar de españoles, de los que 27 procedían de Laredo, 18 de familias laredanas y 9 con otros orígenes, de los que 6 vivían en Laredo y  de los otros 3 no sabemos si vivieron temporalmente en Laredo o estaban acogidos desde la caída de su respectiva tierra de origen.

La distribución sería la siguiente:

LAREDANOS

Familia      Somarriba – Rocillo                                  5 miembros

Familia                 López – Ruiz                                   6 miembros

Familias Miguel,

Aja – Miguel                                            3 miembros

Nates – Miguel                                         1 miembro (*)                // *.-Nace una hija

Miguel – Martínez                                         2 miembros (**) //**.- Nace un hijo

Laredana joven                                             1 miembro

RESIDENTES

Familia                  Cabredo – Sáenz   (de Rioja)        6 miembros

Familia                  Ruiz – Jovera         (de Vizcaya)    3 miembros (*)                                                 *en el grupo hay un niño de 6 años con otros apellidos, pero edad y lugar de nacimiento indicaría que llegó con ellos

Familia Cabredo – Sáenz, instalada en Laredo, por motivos laborales. El grupo lo forma el matrimonio, 3 hijas y un sobrino de la mujer de veraneo en Laredo.

La familia Ruiz – Joveda bien podrían ser vizcaínos refugiados tras la caída de Bilbao.

Para 16 de las 27 personas llegadas de Laredo, Llanars fue su primer destino  (llegan el 2 de Septiembre del 37) y, probablemente, el único hasta su salida definitiva. Sólo las 2 hijas de los López Ruiz van a Barcelona, donde tienen dos hermanos,  dos semanas después. Trabajan de camareras o en el servicio doméstico y regresan antes de la caída de Barcelona y emprendiendo poco después el éxodo final todos agrupados.

Otra llega apenas un mes más tarde que los anteriores y sus familiares lo van a hacer paulatinamente. Los últimos en llegar, los Somavilla- Rocillo, lo hacen apenas 5 meses antes del éxodo definitivo, ante la inminente caída de Barcelona, donde permanece el padre en tareas de intendencia de los republicanos.

La mayor parte de ellos, se exiliaron a Francia, para distintos periodos de tiempo.

Historia 7: El Fuerte de San Cristóbal (Navarra) (IV): Encontramos otro laredano muerto en San Cristóbal

Al tomar contacto con Carlos, nieto de Ramón Lirón Ortiz fallecido en San Cristóbal y enterrado en el cementerio de las Botellas (historia 4 de esta publicación), además de su testimonio nos facilitó interesante documentación sobre su abuelo y publicaciones sobre la presión y el cementerio.

 Entre el material que nos facilitó había un interesante libro

El Fuerte de San Cristóbal en la memoria: de prisión a sanatorio penitenciario: El cementerio de las botellas (Ganbara), mayo 2014

Al repasar las listas encontradas de los enterrados en el cementerio a una compañera le llamaron la atención unos apellidos que bien podían ser de Laredo. Contrastados los mismos con la llamada a quintas de 1919 se confirma: otro de los enterrados en el Cementerio de Las Botellas y recogido como natural de Santander es en realidad nacido en Laredo.

Encontramos el enlace  Fuerte San Cristóbal – Txinparta,  Blog para el seguimiento de las diversas actividades relacionadas con la Recuperación de la Memoria Histórica de los presos del Fuerte de San Cristóbal de Pamplona entre los años 1934-1945, con este comentario:

Pequeño Homenaje a mi Abuelo muerto en las cárceles de Franco

A MI ABUELO JOSE BRINGAS SECADES (Ya estás aquí)

Escribo estas líneas en homenaje a mi abuelo, al que no conocí nació en Laredo de Familia de pescadores poco después la Familia se traslado a vivir a Santander, se caso con Socorro Teja Solana tuvieron tres hijos  Faustino (mi padre) Prudencia y Maximina, vivieron en el Rio de la Pila.

Vivian como cualquier familia con mi abuela vendiendo pescado con su puesto Nº 1 en la Plaza de Atarazanas, el dedicándose con su pequeño barco fondeado en puerto Chico a la pesca.

Pero llego la maldita guerra civil él era afiliado a la CNT  y por mor de la envidia y de las malas artes un vecino le denuncio sin pruebas y faltando a la verdad (a si lo reconoció en el lecho de muerte) de haber estado en el barco prisión Alfonso Xll atracado en el muelle, y de haber participado en el asesinato de los presos.

Mi abuelo huyo por miedo a las represalias en su Barco a Inglaterra en la que se quedo un tiempo pero él no estar con sus hijos y su mujer no lo resistía, aconsejado por algunos familiares asegurándole que si volvía no le pasaría nada, tomo la decisión de  volver a Santander.

Grave error a los 15 días de volver le detuvieron llevándole a la prisión Provincial desde donde le trasladaron a La Coruña donde en un juicio rápido y como juez instructor un sargento de la Marina a la pena de 40 años por alzamiento a la rebelión   de allí creemos que le enviaron a la presa de Liaño en León, mas tarde le trasladaron a la prisión de San Cristóbal en Pamplona donde falleció.

En mi casa mi padre nunca se hablo de este tema, yo nunca lo entendí pero con el paso del tiempo lo llegue a comprender era por el miedo que tenia,  a hablar del asunto y por las posibles represalias.

Con el paso del tiempo inicie una investigación por toda España sobre el paradero del cuerpo de mi abuelo después de mandar cartas al Ejercito a todos los archivos de España sin ninguna contestación positiva, pero un buen día leyendo en el diario Publico se informaba apareciendo el nombre de mi abuelo, que habían aparecido unas fosas en el cementerio del  fuerte San Cristóbal en Pamplona  que se llamaba el cementerio de las botellas por que el nombre de los muertos se metían en las botellas, este descubrimiento lo realizo la asociación para la memoria histórica   TXINPARTA  de Pamplona de la cual estaré agradecido de por vida y sobre todo a Koldo Pla con el que me puse contacto a través de correo electrónico para pedirle información el cual al cabo de 3 años un buen día me llamo para decirme que se iban a exhumar los cadáveres yo le dije que de momento no queríamos hacer la exhumación y que nos conformábamos con que se le pusiera su nombre en alguna placa lo cual se hizo en el Parque a la memoria Histórica en el pueblo de Navarra que se llama Sartaguda.

Hasta que en el mes de Noviembre del 2010 se puso en contacto con nosotros para comunicarnos que gracias a la ley de la memoria histórica se iban a exhumar  y a cotejar con el ADN los restos de mi abuelo.

Al cual la familia  por fin al cabo de 67 años hemos dado sepultura junto con mi abuela en el huesero del Cementerio de Ciriego el pasado día 19 de Enero del 2011 acompañado de nietos  bisnieto y primos.

José Bringas Vega y Familia.

Desde aquí quiero dar las gracias a mi prima Guadalupe Meñaca Bringas  por su gran colaboración sin ella no se podría haber hecho este traslado.

Hemos logrado conectar con José Bringas Vega, que ya es un colaborador de Represión y Exilio y hemos compartido la información que cada uno tenemos al respecto:

  • Él nos ha facilitado el Certificado de Nacimiento que confirma que su abuelo nació en Laredo en 1900 y nos ha ratificado que fue trasladado con su familia a vivir a Santander siendo un adolescente.
  • Nosotros hemos encontrado el Certificado de Defunción que recoge un dato erróneo sobre su naturaleza, atribuida a Santander, origen de este pequeño error.

Estamos a la espera de encontrar expedientes carcelarios que nos permitan conocer más datos sobre esta “nueva” víctima de la represión de nuestra localidad.