Laredo y El Garrote Vil (II)

Pero sí queremos hoy destacar, y volvemos a Guerra Civil en Cantabria y pueblos de Castilla, de Jesús Gutiérrez Flores, publicación en la que se afirma que “Laredo es el municipio donde mayor número de víctimas sufrieron la pena de Garrote Vil”

Aclaramos que este número, 6, es el mayor no solo en términos relativos o porcentuales sino también en términos absolutos, superando las de otras poblaciones muchísimo más pobladas, como Torrelavega o la Capital.

De la entrada “Laredo y el Garrote Vil” de 20 de marzo

 

A finales del mes de mayo se cumplen 80 años de un episodio negro en la historia de Laredo, relacionado con las víctimas de ejecuciones a Garrote Vil, episodio del que hablaremos oportunamente.

Antes, en diciembre de 1937 se han ejecutado por el mismo procedimiento a otras dos víctimas:

1.-   Poco hemos podido averiguar de Felipe Ruiz Fernández, ejecutado en la Cárcel de Larrinaga (Bilbao).

Nacido en Laredo, en 1887, estaba casado en Ajo, donde vivía y trabajaba como labrador

Debió ponerse a disposición del Frente Popular y realizar servicios en el cercano Penal de El Dueso. Detenido al entrar los nacionales es ingresado en el mismo Penal y sometido por el Consejo de Guerra de Bilbao a Juicio Sumarísimo en el que se  le condena a Pena de Muerte. Trasladado  a Bilbao el 17 de Diciembre de 1937, tras concederle tiempo para el ministerio de la confesión fue ejecutado a Garrote Vil el día 18.

2.-   Tres días antes de esa ejecución, se habría producido la de otro laredano de adopción.

Nacido en Santander en 1890, Joaquín Maza Rozas era vecino de Laredo, donde estaba casado. En 1917 trabajaba en Altos Hornos de Vizcaya y vivía en Sestao, donde nacieron los mayores de sus hijos.

En Enero de 1921 se produce un atentado en el que resulta gravemente herido el GErente de Altos Hornos, que fallece cuatro días después. Se implica en los hechos a Joaquín,pero en el Juicio celebrado dos años después sale absuelto.

En Laredo participa en la creación de Izquierda Republicana y al ganar las elecciones de febrero de 1936 el Frente Popular es nombrado Vicepresidente del mismo en Laredo. Al producirse la sublevación militar que dio origen a la guerra civil, es nombrado miembro del Consejo Municipal y responsable de la Cárcel Local.

A la entrada de los nacionales en Laredo es detenido e ingresado en la Cárcel Local. Se le pone a disposición del Consejo de guerra de Santoña, con informes de la Falange y la Guardia Civil atribuyéndole la responsabilidad de todos los “desmanes” republicanos en Laredo, pero también los Hechos de enero de 1921, de los que había sido absuelto. Fue condenado a Pena de Muerte y ejecutado mediante ahorcamiento.

Todavía cuatro años después, preparando los expedientes que justificaran la represión habida (Causa General), siguen utilizándose los mismos argumentos.

Archivos del Ministerio del Interior (Sign. 74580)

 

 

 

 

Santander, 1890

Vecino de Laredo, donde había enviudado.

Contratista de Obras.

Miembro de Izquierda Republicana, llegó a ser Vicepresidente del Frente Popular y Concejal Presidente de la Comisión de Finanzas del Ayuntamiento.

Detenido nada más caer Laredo es trasladado a la Prisión de El Dueso, en Santoña, localidad en el que le someten a Consejo de Guerra en la Plaza de la Villa.

Acusado de desarmar, requisar coches y dinero para las milicias y sacar a derechistas que desaparecerían de la Cárcel Local “de la que era guarda y tenía las llaves” asi “como ser uno de los principales responsables de los desórdenes y desmanes ocurridos en Laredo” fue condenado.

Trasladado a la cárcel vizcaína de Larrínaga, fue ejecutado a Garrote Vil, el 15 de diciembre de 1937. Tres días después será ejecutado por el mismo sistema Felipe Ruiz Fernández y en mayo siguiente, otros cuatro laredanos, hasta alcanzar Laredo el triste récor de ejecutados a Garrote Vil en la entonces provincia de Santander, en términos absolutos y relativos.

Un mes más tarde de su ejecución, su hijo Calixto Maza Pérez es sometido a Consejo de Guerra Sumarísimo y condenado a Pena de Muerte, siendo ejecutado por fusilamiento en el Cementerio de Ciriego y enterrado en una Fosa Común.

 

 

Las Cárceles de León (II): San Marcos

UN CAMPO DE CONCENTRACIÓN
CON FACHADA PLATERESCA
José María Calleja
Hablamos del terror caliente, de los primeros días de sangre, dolor y mie­do después de que triunfara en parte de España el golpe de estado militar franquista contra la legalidad democrática de la Republica.
Hablamos de San Marcos, atroz campo de concentración, lugar de espera y tránsito hacia la muerte, escenario de sacas, paseos, pánico, mugre y frío; edificio singular de fachada plateresca, imponente albergue para los futuros asesinados en régimen industrial.
Hablamos de hospital de peregrinos, de iglesia, de monasterio, de instituto, de cárcel, del lugar en el que penó Quevedo, de depósito de se­mentales, de campo de concentración y cárcel de exterminio franquista, que todo eso fue San Marcos hasta convertirse hoy en hostal y parador.
León fue una de las ciudades en las que antes triunfó el golpe de estado franquista contra la República democrática. El sábado 18 de julio se escucharon los primeros disparos en la ciudad, buena parte de los mandos militares apoyaron una sublevación que pronto se contagió y dividió a la provincia.
La idea de los golpistas estaba clara desde un principio: aniquilar a cuantos más republicanos, mejor; exterminar a las autoridades: alcalde, go­bernador civil, militares republicanos; y también detener y matar a maes­tros, secretarios, militantes, a ciudadanos denunciados por otros, señalados por ser contrarios al Movimiento Nacional.
La pronta saturación de las cárceles llevó a habilitar el edificio re­nacentista –que en su último uso había sido depósito de sementales del Ejército– como enorme campo de concentración. San Marcos se convirtió en un lugar de internamiento ilegal, al que eran conducidos, por militares y falangistas, aquellas personas que habían sido marcadas como republica­nas, contrarias al golpe, gentes de izquierdas.
En San Marcos estuvieron al tiempo 7.000 hombres y 300 mujeres y llegaron a pasar por sus sórdidas estancias más de 20.000 personas entre 1936 y 1940. Allí se vivió el paso del terror caliente de los primeros meses del golpe, al terror institucional, programado, sistemático, implacable.
Las condiciones de vida en aquel campo de concentración eran atroces: hacinamiento, frío, nula higiene, paupérrimo rancho y, sobre todo, miedo, pánico a ser paseado, terror a ser fusilado o asesinado de un tiro en la nuca.
Cada día, una multitud de mujeres se agolpaba a las puertas de San Marcos, a esperar bajo su hermosa fachada la terrible noticia de la muerte de su marido, su hermano o su hijo. Aquella obra plateresca incorporaba entonces grutescos humanos de terror y gritos, figuras humanas que hacían cola para llevar ropa a sus maridos y recibían la respuesta de los guardianes: “No hace falta, donde va ir no la va a necesitar”. Mujeres que llevaban leche, comida, a sus maridos y que eran despachadas con la brutal indife­rencia del matarife de guardia.
Los que aguardaban su muerte dentro del campo comían un ran­cho infame, vivían ateridos, estabulados junto a enormes tinajas en las que se acumulaban sus heces. La diana sonaba a las seis de la mañana. Había mujeres que se negaban a tomar la bazofia con gusanos que les echaban de comida y eran entonces rapadas al cero. Cada tarde, todas sin excepción, a las siete, se extendía un silencio tétrico y entonces eran extraídos los ca­dáveres –ocho, nueve, diez– de los que no habían sobrevivido a aquellas condiciones infames, se sacaban los féretros de los que morían antes de la muerte que les esperaba.
Había un lugar particularmente siniestro dentro del horror, la car­bonera; una celda de castigo en la que se hacinaban setenta presos en un espacio de cuarenta metros. Los grilletes tenían agujeros para adaptarse a los diámetros de los distintos reclusos.
Los domingos, los miembros de la Legión Cóndor visitaban San Marcos, se fijaban en algunas mujeres, hacían fotos, sonreían. Los alema­nes se alojaban en el hotel Oliden de León.
Hubo mujeres presas en San Marcos que perdieron a sus hijos re­cién nacidos o de corta edad y que no volvieron a verlos después de que la monja que se los arrebató les dijera que habían muerto.
De San Marcos se trasladaba a los detenidos al campo de tiro de Puente Castro, lugar de fusilamientos en masa que se perpetraban después de juicios que eran otra forma de tortura: procesos sumarísimos, sin la menor garantía, sin testigos, sin posible recurso, puros trámites hacia la muerte.
Por el campo de concentración de fachada plateresca pasaron, ca­mino de la muerte, el alcalde de León, el gobernador civil, los militares leales a la República y miles y miles de leoneses, entre otros mi padre, Luís Fernández, y dos tíos míos, José María Calleja y Domingo Fernández, “Chomin”. El primero, superviviente; y los otros dos, asesinados.
Tengo el recuerdo de cómo se transformaba la cara de mi madre cada vez que hablaba, poco y entre lamentos, de San Marcos. El de mi pa­dre y mis tíos es un caso más y no creo exagerar si digo que no hubo familia republicana de León que no tuviera a alguno de sus miembros recluido en aquel lugar siniestro.
San Marcos era una referencia en las clandestinas conversaciones familiares que yo recuerdo en mi infancia. De aquello se hablaba en voz baja en casa y no se debía hablar en la calle, me decían. Tampoco se podían contar a nadie las críticas contra el dictador que eran frecuentes en mi familia. La cara de mi madre, las pocas veces que hablaba de San Marcos, reflejaba un dolor, un desgarro vivo e hiriente, a pesar del paso de los años.
Yo he conocido el Hostal de San Marcos cuando fue parador y siempre he sentido un calambre al contrastar la belleza imponente de su fachada con lo horrores que acogió en su interior. Mi padre me llevó un día al Hostal, inaugurado en 1965. En la puerta había un portero uniformado que preguntó dónde íbamos y mi padre le contestó: “Yo he estado pensio­nado por Franco ahí dentro”.
Mi padre se sabía de memoria el techo de artesonados de madera que estuvo viendo día tras día, todos los días en que estuvo encerrado allí, sabía los trozos que le faltaban a uno de los cuarterones y experimentaba una inquietud sin aspavientos al entrar en aquel lugar reconvertido en pa­rador de lujo, que fue lugar de sufrimiento, miedo y exterminio de tantos leoneses y asturianos.
Hoy, San Marcos esta en sus alrededores. Las secuelas de sus fusi­lamientos están en las fosas comunes en las que sepultaban a los paseados; fosas comunes en las que fueron apilados los cadáveres de leoneses y as­turianos que creían que les llevaban detenidos a San Marcos, cuando en realidad les conducían para luego sacarlos pasearlos, para matarlos. Fosas como la de la Cenia, el puerto de Monte Viejo, Casasola, pinares de la Robla, alrededores del Monte de San Isidro.
Reconstruir lo que ocurrió en el llamado con atino campo de con­centración de San Marcos desde que Franco atentó contra la República hasta más allá de concluida la Guerra es el objetivo de este libro. Un libro necesario, que no hubiera sido posible sin la tenacidad y la calidad ciuda­dana de Encina Cendón. Un libro que deberían leer todos lo escolares para conocer el pasado y saber qué ocurrió en su país cuando la sangre ahogó la libertad. Un libro que cuenta lo que ocurrió, que narra la represión sistemática, la siembra de muerte y miedo por parte de quienes atentaron contra la libertad y establecieron una dictadura, un libro que cuenta una parte de nuestra historia, ahora que hay tantos que no quieren que se sepa de qué historia venimos.

El Exilio Laredano (IV): Un hogar en Cataluña – La Comarca del Ripoll: Llanars (y 2)

Llanars es una población  de Gerona, Comarca del Ripollés limítrofe con Francia,  a  2 Km. de Camprodon. Para ir de Llanars a la frontera hay que pasar por Camprodon, que dista 37 Km. de Prats de Molló, primera localidad tras entrar en Francia.

En 1939 tenía menos de 700 habitantes. No obstante, está documentado que en esta pequeña localidad estuvieron acogidos casi un centenar de españoles, de los que 27 procedían de Laredo, 18 de familias laredanas y 9 con otros orígenes, de los que 6 vivían en Laredo y  de los otros 3 no sabemos si vivieron temporalmente en Laredo o estaban acogidos desde la caída de su respectiva tierra de origen.

La distribución sería la siguiente:

LAREDANOS

Familia      Somarriba – Rocillo                                  5 miembros

Familia                 López – Ruiz                                   6 miembros

Familias Miguel,

Aja – Miguel                                            3 miembros

Nates – Miguel                                         1 miembro (*)                // *.-Nace una hija

Miguel – Martínez                                         2 miembros (**) //**.- Nace un hijo

Laredana joven                                             1 miembro

RESIDENTES

Familia                  Cabredo – Sáenz   (de Rioja)        6 miembros

Familia                  Ruiz – Jovera         (de Vizcaya)    3 miembros (*)                                                 *en el grupo hay un niño de 6 años con otros apellidos, pero edad y lugar de nacimiento indicaría que llegó con ellos

Familia Cabredo – Sáenz, instalada en Laredo, por motivos laborales. El grupo lo forma el matrimonio, 3 hijas y un sobrino de la mujer de veraneo en Laredo.

La familia Ruiz – Joveda bien podrían ser vizcaínos refugiados tras la caída de Bilbao.

Para 16 de las 27 personas llegadas de Laredo, Llanars fue su primer destino  (llegan el 2 de Septiembre del 37) y, probablemente, el único hasta su salida definitiva. Sólo las 2 hijas de los López Ruiz van a Barcelona, donde tienen dos hermanos,  dos semanas después. Trabajan de camareras o en el servicio doméstico y regresan antes de la caída de Barcelona y emprendiendo poco después el éxodo final todos agrupados.

Otra llega apenas un mes más tarde que los anteriores y sus familiares lo van a hacer paulatinamente. Los últimos en llegar, los Somavilla- Rocillo, lo hacen apenas 5 meses antes del éxodo definitivo, ante la inminente caída de Barcelona, donde permanece el padre en tareas de intendencia de los republicanos.

La mayor parte de ellos, se exiliaron a Francia, para distintos periodos de tiempo.

Historia 7: El Fuerte de San Cristóbal (Navarra) (IV): Encontramos otro laredano muerto en San Cristóbal

Al tomar contacto con Carlos, nieto de Ramón Lirón Ortiz fallecido en San Cristóbal y enterrado en el cementerio de las Botellas (historia 4 de esta publicación), además de su testimonio nos facilitó interesante documentación sobre su abuelo y publicaciones sobre la presión y el cementerio.

 Entre el material que nos facilitó había un interesante libro

El Fuerte de San Cristóbal en la memoria: de prisión a sanatorio penitenciario: El cementerio de las botellas (Ganbara), mayo 2014

Al repasar las listas encontradas de los enterrados en el cementerio a una compañera le llamaron la atención unos apellidos que bien podían ser de Laredo. Contrastados los mismos con la llamada a quintas de 1919 se confirma: otro de los enterrados en el Cementerio de Las Botellas y recogido como natural de Santander es en realidad nacido en Laredo.

Encontramos el enlace  Fuerte San Cristóbal – Txinparta,  Blog para el seguimiento de las diversas actividades relacionadas con la Recuperación de la Memoria Histórica de los presos del Fuerte de San Cristóbal de Pamplona entre los años 1934-1945, con este comentario:

Pequeño Homenaje a mi Abuelo muerto en las cárceles de Franco

A MI ABUELO JOSE BRINGAS SECADES (Ya estás aquí)

Escribo estas líneas en homenaje a mi abuelo, al que no conocí nació en Laredo de Familia de pescadores poco después la Familia se traslado a vivir a Santander, se caso con Socorro Teja Solana tuvieron tres hijos  Faustino (mi padre) Prudencia y Maximina, vivieron en el Rio de la Pila.

Vivian como cualquier familia con mi abuela vendiendo pescado con su puesto Nº 1 en la Plaza de Atarazanas, el dedicándose con su pequeño barco fondeado en puerto Chico a la pesca.

Pero llego la maldita guerra civil él era afiliado a la CNT  y por mor de la envidia y de las malas artes un vecino le denuncio sin pruebas y faltando a la verdad (a si lo reconoció en el lecho de muerte) de haber estado en el barco prisión Alfonso Xll atracado en el muelle, y de haber participado en el asesinato de los presos.

Mi abuelo huyo por miedo a las represalias en su Barco a Inglaterra en la que se quedo un tiempo pero él no estar con sus hijos y su mujer no lo resistía, aconsejado por algunos familiares asegurándole que si volvía no le pasaría nada, tomo la decisión de  volver a Santander.

Grave error a los 15 días de volver le detuvieron llevándole a la prisión Provincial desde donde le trasladaron a La Coruña donde en un juicio rápido y como juez instructor un sargento de la Marina a la pena de 40 años por alzamiento a la rebelión   de allí creemos que le enviaron a la presa de Liaño en León, mas tarde le trasladaron a la prisión de San Cristóbal en Pamplona donde falleció.

En mi casa mi padre nunca se hablo de este tema, yo nunca lo entendí pero con el paso del tiempo lo llegue a comprender era por el miedo que tenia,  a hablar del asunto y por las posibles represalias.

Con el paso del tiempo inicie una investigación por toda España sobre el paradero del cuerpo de mi abuelo después de mandar cartas al Ejercito a todos los archivos de España sin ninguna contestación positiva, pero un buen día leyendo en el diario Publico se informaba apareciendo el nombre de mi abuelo, que habían aparecido unas fosas en el cementerio del  fuerte San Cristóbal en Pamplona  que se llamaba el cementerio de las botellas por que el nombre de los muertos se metían en las botellas, este descubrimiento lo realizo la asociación para la memoria histórica   TXINPARTA  de Pamplona de la cual estaré agradecido de por vida y sobre todo a Koldo Pla con el que me puse contacto a través de correo electrónico para pedirle información el cual al cabo de 3 años un buen día me llamo para decirme que se iban a exhumar los cadáveres yo le dije que de momento no queríamos hacer la exhumación y que nos conformábamos con que se le pusiera su nombre en alguna placa lo cual se hizo en el Parque a la memoria Histórica en el pueblo de Navarra que se llama Sartaguda.

Hasta que en el mes de Noviembre del 2010 se puso en contacto con nosotros para comunicarnos que gracias a la ley de la memoria histórica se iban a exhumar  y a cotejar con el ADN los restos de mi abuelo.

Al cual la familia  por fin al cabo de 67 años hemos dado sepultura junto con mi abuela en el huesero del Cementerio de Ciriego el pasado día 19 de Enero del 2011 acompañado de nietos  bisnieto y primos.

José Bringas Vega y Familia.

Desde aquí quiero dar las gracias a mi prima Guadalupe Meñaca Bringas  por su gran colaboración sin ella no se podría haber hecho este traslado.

Hemos logrado conectar con José Bringas Vega, que ya es un colaborador de Represión y Exilio y hemos compartido la información que cada uno tenemos al respecto:

  • Él nos ha facilitado el Certificado de Nacimiento que confirma que su abuelo nació en Laredo en 1900 y nos ha ratificado que fue trasladado con su familia a vivir a Santander siendo un adolescente.
  • Nosotros hemos encontrado el Certificado de Defunción que recoge un dato erróneo sobre su naturaleza, atribuida a Santander, origen de este pequeño error.

Estamos a la espera de encontrar expedientes carcelarios que nos permitan conocer más datos sobre esta “nueva” víctima de la represión de nuestra localidad.

El Penal de “El Dueso” (Santoña)

Este centro penitenciario, construido a principios del siglo XX, durante la República había sido utilizado como Colonia Penitenciaria y en él estuvo Sanjurjo tras su fallido golpe. El Penal fue tomado el 25 de agosto de 1937 por las tropas facciosas.  Tras la rendición de los milicianos nacionalistas vascos a los rebeldes en Santoña, toda la villa fue un lugar de detención. Se establecieron cuatro campos en Santoña: Penal del Dueso, Instituto Manzanedo,  Cuartel de Infantería y el Fuerte de San Cristóbal. Encerraban  unos 1.200 prisioneros. En las cercanías hubo otros campos de prisioneros: En Laredo en los locales de las escuelas y diferentes edificios del pueblo con 8.000-9.000 prisioneros— y en diversos edificios en Castro, otros 10.000 prisioneros.Uno de esos campos de concentración se instaló en el antiguo colegio Barquín, hoy el IES Ataulfo Argenta.

Considerada una de las cárceles más duras de las represión franquista, junto a las de San Marcos en León y el Puerto de Santa María en Cádiz, éstas son algunas de las afirmaciones de los que pasaron por sus celdas:

  • El penal estaba cercado por un largo muro, formando una periferia irregular. Por encima de él se veían las garitas de los centinelas. En el centro se levanta el viejo edificio carcelario, llamado allí Periodos, compuesto en su interior de lúgubres celdas en los laterales de las galerías, formando calles en la planta baja y en varios pisos encima. A su alrededor hay otros pabellones nuevos, sin celdas, compuestos de salas amplias con grandes ventanales y varios pisos.  Entre estos edificios y el muro exterior hay una  extensión de terreno cultivable de varias áreas, pertenecientes al penal. Si nos situamos en el centro de la penitenciaría, de espaldas al monte y al mar, tendríamos detrás de nosotros la montaña del cabo, interpuesta entre el penal y el mar Atlántico; a nuestra izquierda, la bahía de Santoña, siguiendo una montaña de bastante altura; enfrente, una extensión de tierra baja de cultivo, muy fértil, cortada a los lejos por gran masa de montañas; por nuestra derecha, veríamos otra bahía, una playa y el cementerio del penal…
  •  La comida era fatal. Por las mañanas un cazo de caldo de simiente de algarroba molida y hervida la harina, o de huesos de animales cocidos, a lo que llamaban café. Los primeros sólo eran parecidos a éste último en el color, los segundos, en nada, y aparecía por encima una capa blancuzca maloliente de gusanillos. Al mediodía, otro cazo de caldo de lechugas hervidas, de coles, de remolacha o zanahorias, sin aceite, con mucha suciedad de tierra, algún animalejo cortado, como babosas, y otras cosas repugnantes, y otro igual por las noches. Esta bazofia parecía en el plato agua sucia de fregar, pero ante tanta hambre, se engullía sin reparos. Patatas, cereales, legumbres, no aparecían por ninguna parte. También el pan estaba de allí ausente; cuando lo daban, consistía en una borona de maíz del tamaño de un huevo de gallina para todo un día. Pero repetidas veces las suspendían durante periodos de 30, 40 y hasta 90 días, sin este pan siquiera….
  • Había en aquel penal varios guardianes, que por su saña maligna contra los presos, éstos tenían motejados a todos ellos: El Rápido, el Alemán, Pescadilla, el Chato de Laredo o Quinoya. Este último era el más sobresaliente en maldad…

 

  • La miseria era tan abundante que tuvieron que instalar una cámara de desinfección. Aquella hacinación producía la abundancia de piojos, chinches, pulgas y ladillas. Era obligatorio que los grandes ventanales, a la altura de alrededor de un metro del piso de las salas, estuvieran abiertos de par en par día y noche, tanto en el buen tiempo como en el malo Aunque esto era una medida de higiene, tan incompleta y en la forma que se hacía, lejos de cortar la proliferación de los parásitos, producía resfriados, bronquitis y pulmonías que, en muchos casos, terminaban con el débil soplo de vida de los más depauperados…

En 1938 y 1939, celebrados ya los consejos de guerra, El Dueso, retuvo 3.110 presos en 1938 y 3.342 en 1939, hacinamiento, además de lo común de las cárceles como era el hambre, la falta de higiene, las enfermedades…

El mayor número de los reclusos de este penal eran sentenciados a pena de muerte por fusilamiento en espera de su traslado a Santander para ser ejecutados al día siguiente. De la prisión del Dueso y bajo la custodia del jefe del piquete de ejecución, salían en camiones y eran conducidos a la tapia del cementerio de Ciriego de Santander, para su ejecución y posterior “desaparición”. En el mismo penal también se ejecutaba por medio de garrote vil. Calculan que en El Penal de El Dueso se ejecutaron más de un millar de sentencias de muerte.

En el caso de los laredanos, prácticamente todos los condenados a muerte en Juicios Sumarísimos pasaron por el dueso antes de ser trasladados a Santander para ser ejecutados en Ciriego.

Excepción de la regla anterior son los ejecutados por Garrote Vil, 6 en total, como queda dicho en otra entrada de esta publicación, que fueron trasladados a la cárcel de Larrinaga (Bilbao).

Dos laredanos fueron ejecutados en la vecina playa de Berria, Ángel Montes Luengas Manuel Gárate Camino.

En diciembre de 1938 hay un traslado de decenas de presos de la Cárcel del Partido Judicial de Laredo al Dueso, la mayor parte de ellos para ser trasladados a cumplir sus respectivas condenas en León, en Las Cárceles de La Bañeza o Astorga, previo paso por San Marcos, en la capital. En menor medida, parte de esos trasladados lo fueron como paso previo a su traslado a Santander, casi siempre a la Prisión Central de Tabacalera.

De los expedientes  de condenados que hemos podido estudiar, sólo hemos conocido que cumplieran sus condenas en El Dueso los trasladados de prisiones de otras provincias y que finalmente se quedaron en Laredo siendo acogidos como nuevos vecinos.

El Exilio Laredano (III): Un hogar en Cataluña – La Comarca del Ripoll (I)

Situada en la provincia de Gerona, en el norte, muy cerca de la frontera con Francia, se encuentra la Comarca del Ripoll (hoy Ripollès), que por dicha proximidad va a ser el refugio de muchos cántabros a su llegada a Cataluña vía Francia.

Son localidades pequeñas que, sin embargo, acogen a buen número de los que huyen de las zonas a punto de caer en manos de los sublevados para evitar las represalias previsibles por su apoyo al régimen establecido.

Se da la circunstancia de que en estas localidades se registró a las personas acogidas, permitiendo la elaboración de listas que han llegado hasta hoy y que nos permiten conocer la identidad de los desplazados. De otras localidades que sabemos acogieron refugiados no ha sido posible tener datos similares a pesar de habernos dirigido a varios de sus ayuntamientos. Sólo conocemos una localidad del norte de Tarragona (Santa Coloma de Queralt), donde habiendo existido fichas con datos, una descendiente de cántabros visitó con el antiguo archivero los desvanes del Ayuntamiento, encontrando fichas en lamentable estado de las que pudo recoger manualmente datos de laredanos (posiblemente la mayor colonia de acogidos laredanos que hemos podido conocer estuviera allí). De Santa Coloma hablaremos oportunamente.

De los registros de las localidades del Ripoll, hemos podido encontrar:

En Gombrèn tienen un listado de casi 200 refugiados, de los cuales 7 provienen de un barco salido de Comillas, aunque sólo 1 es de la localidad, siendo el resto refugiados de Madrid, Vizcaya o Lugo. LLegan el 8 de Septiembre de 1937, dos semanas después de la caída de Santander.

A Parròquia de Ripoll (hoy integrado en Ripoll), entre 260 refugiados, llegan procedentes de San Vicente de la Barquera 28 vecinos y vecinas de la localidad, 22 de ellos el día 28 de Agosto de 1937. Los otros 6, casi todos hombres de las mismas familias se incorporan dos meses más tarde, posiblemente por haber salido en otro medio distinto y estar antes en otros lugares hasta saber donde se encontraba el resto.

320 refugiados registran en Ribes de Freser, con fecha 05/02/37 (por la procedencia de los llegados esa fecha debe tratarse de un error, al ser de zonas que cayeron en agosto. La fecha debe ser 5 de Septiembre de 1937). Entre ellos 56 cántabros (el grupo mayor que hemos podido estudiar), de los que 30 eran de San vicente de la Barquera, 11 de Santander, 7 de Santoña, 5 de Reinosa y Campoó .

Los tres últimos son los laredanos Fructuoso Gutiérrez, último alcalde republicano de la villa, junto a su esposa Concha Martínez y su mujer de confianza, Pilar Calle.

23 personas registran en la pequeña localidad de Setcases que llegan el 30 de Agosto. !6 de ellas provienen de Santander, siendo todos vizcaínos de diferentes localidades, salvo una persona que es de Pesués.

Entre los 152 registrados en Vallfogona de Ripollès no encontramos ningún cántabro o personas provenientes de puertos de Cantabria.

El mayor grupo de laredanos la vamos a encontrar en Llanars.

Historia 6: La identificación de un miliciano fallecido.

Una de las fuentes con las que comenzamos nuestro trabajo de identificación de víctimas consecuencia del levantamiento militar contra el régimen legalmente establecido fueron los textos previamente publicados.

Encontramos una publicación en la que se recogen los fallecidos de Laredo, en ambos bandos y en diferentes formas de muerte.

Entre los caídos en el frente del bando republicano, encontramos dos referencias:

¿Alonso? …, Dionisio (“Nisio”): vecino de Laredo, fue voluntario al frente con los republicanos y murió en el frente de Vizcaya (testimonios de varios vecinos).

¿Alonso? …, Hipólito (“Poli”): hermano del anterior, vecino de Laredo, fue voluntario al frente con los republicanos y murió en el frente de Vizcaya (testimonios de varios vecinos).

República, Guerra Civil y Posguerra en Laredo, Colindres y Liendo (1931-1947)
Fernando Obregón Gottayola, 2009

Alonso es un apellido común,  pero no nos desanimó en el propósito de buscar más datos sobre estos hombres. Llegamos a un mote familiar (¡que sería de Laredo sin sus motes!) y fuimos a por el emblema de los Alonso, en Laredo, José “el de Quitolis”; con el que ya habíamos hablado de otros casos o del Laredo de la Guerra Civil: “en mi familia no hubo fallecidos en el frente”, nos aclaró con la convincente fuerza de su lúcida memoria.

Al parecer, Dionisio convivía con una joven laredana que estaba embarazada. Tenía ya el permiso para bajar a casarse y no pudo llegar a hacerlo.

Localizamos a su hijo, que sólo sabía el nombre de pila y al que siempre le habían orientado hacia los Alonso como familia de acogida de su padre que era acogido y del que desconocía sus apellidos mostrando su deseo de poder llegar a conocerlos.

Y por fin llegaron las reuniones con Manuela, 94 años en las dos primeras, (¡cuantos casos nos ha resuelto: un dia tendremos que hablar sólo de ella”). En la tercera, los 95 ya cumplidos, tuvimos una nueva sesión de la película de su vida, de sus recuerdos. Y salió la frase: “también murieron TRES de los de Quitolis”:

Pr: ¿Alonso …? ¿de los de Alonso …?

Resp: Noooo, de los de la mujer de Lirón, la suegra de …

Pr: ¿Eran tres hermanos?

Resp: Creo que no, dos eran hermanos. Espera…, uno era un recogido. De la mujer de Lirón murió un hermano y otro recogido en la familia. El otro creo que podría ser primo.

Quitolis era un laredano soltero, pariente de José, de apellidos Alonso, pero también Nates (desconocemos el orden) y todos sus sobrinos eran los de Quitolis, dando lugar a esta confusión en los datos.

Identificamos a Hipólito Izaguirre Nates y Eusebio Castillo Nates, cuyos abuelos maternos eran hermanastros (Eusebio suponía una nueva víctima contabilizada). De Dionio, sólo  la familia de acogida, parece que ahora sin errores.

En una de nuestras visitas al Archivo Municipal de Laredo, encontramos una recogida de datos de 1935 de la Familia Izaguirre Nates, con la nómina de todos los miembros de la vivienda que ocupaban, entre ellos Dionisio Justo López, 06-12-18, (acogido).

Inenarrable la emoción del hijo póstumo de Dionisio al comunicarle los verdaderos apellidos de su padre.

 

Exiliado por represalias por su identidad sexual

ÁNGEL DE MOLINA LAREDO hemos llamado en nuestro trabajo, preservando su identidad, a un joven laredano que había nacido en 1922

De oficio pescador, como era tradición en su familia,

En 1936, cuando comienza la Guerra Civil es apenas un adolescente.

Nunca se significó políticamente ni se conocía causa alguna para poder ser represaliado.

Sin embargo, sin haber cumplido los 20 años, fue encerrado en la Cárcel Local y objeto de un apaleamiento inexplicable. Si injustificados eran los castigos sin juicio, nadie entendía esto. Se da la circunstancia de que en la familia, algún miembro había tenido identificación política, sin tener consecuencias por ello.

Al poco tiempo de aquel suceso, se marchó de Laredo y se exilió a México.

Allí destapó su condición de homosexual, sin ningún tipo de limitaciones.

Años después se trasladó a Argentina, donde tenía familiares.

En los años 60 volvió a España, instalándose en las cercanías de la capital cántabra

Trabajaba en la industria naval de El Astillero como peón especialista y realizaba el desplazamiento andando desde su domicilio.

Raramente volvía a Laredo y cuando lo hacía no se relacionaba con gran parte de su familia.

En 1975, en uno de sus trayectos al trabajo fue atropellado por un camión y herido de gravedad. Ingresado en el Hospital Valdecilla, fallecería el 3 de Julio.

Está enterrado en Ciriego, en una fosa común ya que ningún familiar se hizo cargo de él.

 

El Exilio Laredano (II): Un hogar en Cataluña – La Garriga (Barcelona)

En nuestra historia número 4 hablábamos de 2 hermanos acogidos en La Garriga (Barcelona).

La familia Sebastián- Unzue, ¿o es Talledo Unzue?…

Fabian Sebastian de Castro es un niño abandonado en la inclusa de Santander, seguramente originario de Castro Urdiales, dado su apellido.

La familia Talledo Camino lo lleva acogido a Laredo y lo crían como un hijo más. En Laredo se le conoce por Julián Talledo Camino y ese nombre utilizará a lo largo de su vida, ocasionando alguna que otra confusión.

Se incorpora rápido al mundo de la mar y conoce y se casa con Alejandra Unzúe, redera (elaboradora y reparadora de redes). En un mundo de dificultades sacan adelante como buenamente pueden a los 7 hijos que sobrevivieron de los 12 que tuvieron.

La sublevación militar contra la República les sorprende con el hijo mayor fuertemente vinculado a la CNT y dirigente en el mundo de la pesca y la madre afiliada a la UGT. En breve, el hijo llegará a la Junta Directiva del Pósito de Pescadores y la madre se afiliará al Partido Comunista y tendrá responsabilidades en el Radio Comunista (organización durante la guerra que incluía afiliados de localidades próximas y fuertemente vinculadas a la dirección provincial). En poco tiempo, Ángel, el hijo mayor, y José se incorporarán a la milicia. Ángel llegará a Capitán un Batallón anarquista, peró morirá en la caída de Asturias y José, alistado en batallones comunistas, al caer esta provincia pasará a Cataluña y posteriormente se exiliará en Francia.

A estas alturas, el resto de la familia, los padres con los otro cinco hermanos,  ha sido propuesta por la CNT, sindicato al que finalmente también se afilia el padre para pasar a Cataluña, siendo una de las primeras en salir, dada su significación y el riesgo que corren de permanecer en Laredo.

Son acogidos en La Garriga, villa barcelonesa de acogida de refugiados que llega a triplicar su población durante la contienda (de 3000 registrados en 1936 a unos 10000 entre registrados y estimados al momento de su caída).

El 28 de Enero de 1939, en el bombardeo de la aviación italiana contra la población civil, muere su hija Juanita, mientras otra, Ángeles, recibe el impacto de la metralla en su espalda y piernas y sus hijos menores. Goyo y Marcelino, “caen rebotados y desnudos por el efecto de la descarga”.

Antes, durante el desalojo, sus hijos varones, escolarizados en una escuela para niños acogidos, en su mayoría sin familia o contacto con ella, son “cargados en un tren de niños a Rusia”, si bien la madre y su hermana Ángeles, alertadas por los gritos de los niños, “consiguen arrancarles por las ventanas del tren ya en marcha”.

El 1 de febrero, la familia asiste , en medio de un silencio sepulcral y las ventanas y puertas cerradas, .a la entrada de las tropas franquistas en La Garriga.

De regreso a Laredo, son detenidos ambos esposos de inmediato y sometidos a Juicio Sumarísimo por el Consejo de guerra de Santander.

El Exilio Laredano (I): Un hogar en Cataluña

 

En la primavera de 1937, el avance de las tropas sublevadas por el Este va dibujando un panorama poco halagüeño para las provincias aún bajo mandato republicano (Bizcaia, Cantabria y Asturias). La estela de represión de los representantes del nuevo régimen en las zonas ya ocupadas son un aviso de lo que está por llegar. Comienza en Laredo un lento éxodo, fundamentalmente de familiares de personas especialmente comprometidas con el régimen vigente, especialmente mujeres y niños. En este periodo se produce la evacuación de los llamados “niños de Moscú”, que salieron vía Francia para acabar, la mayor parte de ellos en aquel país de la Unión Soviética.

La caída de Bilbao, entrada la segunda quincena de junio, precipita el ritmo de las salidas, organizadas por las autoridades locales y provinciales, si bien avaladas por los sindicatos, que son quienes firman las solicitudes de sus afiliados para  la salida de sus familiares. Algunos propietarios de barcos de pesca organizan sus propios grupos entre familiares y conocidos.

El 24 de Agosto, con  las tropas “nacionales” en Guriezo y la firma de los Gudaris del llamado “Pacto de Santoña”, ya no tiene cabida la organización y la espera y, hasta la mañana del 26, con las tropas enemigas en el alto de Laredo, la gente baja a los muelles y embarcan en los pósitos de pesca que ponen en marcha los propios pescadores.en la evacuación.

Se produce la entrada de las tropas nacionales que, paradójicamente, esta compuesta casi en su totalidad por soldados y mandos italianos y alemanes.

Aisladamente, alguna salida se ha producido por medios distinto al barco, pero predomina ésta, al principio desde Santander o Gijón y en los barcos propios directamente desde Laredo  y el destino es Francia para, mayoritariamente, desde ahí desplazarse a la zona republicana de Cataluña, aún en manos de la República ya que no existe una idea global de exilio, sino que el desplazamiento se plantea como algo temporal, pensando que la dictadura no se iba a imponer o que si lo hacía la ayuda internacional impediría la prolongación en el tiempo. Incluso los que pretenden quedarse en Francia, en la costa atlántica, lo hacen por razones de proximidad o por seguir con tareas iguales a las que hacían en Laredo, los pescadores fundamentalmente. Después vendrán las evacuaciones forzosas hacia Cataluña para la mayor parte de ellos, promovidas por las autoridades francesas, presionados por los alemanes.

Muchas familias laredanas estuvieron en varias localidades catalanas, entre ellas Barcelona, sobre todo las que van siguiendo a esposos que participa en tareas de defensa de la zona, bien como alistados, bien en la retaguardia, pero hay varias localidades en que encontramos una presencia importante de laredanos. Son localidades de una gran acogida de “refugiados de guerra” en las que los desplazados van a encontrar un segundo hogar que compense en buena parte el dolor de la separación del suyo.

A la tímida y desconfiada acogida en principio,, le sustituye rápidamente el calor de la solidaridad y la familiaridad de una amistad que perdurará por años. Veladas de cenas compartidas, tertulias y cánticos, acabarán también en alguna que otra boda entre los lugareños y acogidos.

El relato de los protagonistas durante el resto de sus vidas es el mejor testimonio que puede probarlo