Laredo y el Garrote Vil (y III)

80 Aniversario

“Cada vez que Manuel intentaba hablar en el juicio sumarísimo, le daban un culatazo para que se callara”

Este lunes se cumplen 80 años de la ejecución a garrote vil en la cárcel de Larrinaga del joven anarquista de Laredo Manuel Peña, a pesar de que el auditor de Guerra había propuesto la conmutación de su pena “en atención a la escasa trascendencia de los hechos por él cometidos y poco daño causado”.

Laredo es el municipio cántabro con más vecinos ejecutados a garrote vil, seis: Joaquín Maza, Felipe Ruiz, Manuel Roseñada, Santos Trueba, Ramón Nates y Manuel Peña.

Manuel Peña, anarquista de Laredo ejecutado a garrote vil en la cárcel de Larrinaga el 28 de mayo de 1938 a los 22 años de edad | Fotos: CML
Manuel Peña, anarquista de Laredo ejecutado a garrote vil en la cárcel de Larrinaga el 28 de mayo de 1938 a los 22 años de edad | Fotos: CML
El denominado garrote vil, instrumento utilizado para aplicar la pena de muerte en España desde 1820 hasta 1974, consistía básicamente en un collar de hierro atravesado por un tornillo que al girarlo rompía el cuello del reo, aunque si el verdugo era débil y el cuello del reo fuerte, la muerte de éste solía sobrevenir por estrangulamiento, lo que alargaba su agonía.

En Guerra Civil en Cantabria y pueblos de Castilla (2007), Jesús Gutiérrez Flores documenta que Laredo es el municipio cántabro con más vecinos —tanto en términos relativos o porcentuales como en términos absolutos— ejecutados a garrote vil. Un total de seis, superando a otros municipios mucho más poblados, como Santander o Torrelavega. Sus nombres son Joaquín Maza Rozas, Felipe Ruiz Fernández, Ramón Nates Martínez, Manuel Roseñada Gutiérrez, Santos Trueba Aja y Manuel Peña Gobantes. A partir de esos datos, José Luis Pajares y Presen Gómez —al frente del Colectivo Memoria de Laredo— comenzaron a investigar para reconstruir sus historias y rescatarlos así del olvido. Los seis fueron ejecutados a garrote vil en la cárcel vizcaína de Larrinaga —Maza y Ruiz en diciembre de 1937, y Roseñada, Trueba, Nates y Peña en mayo de 1938— y los seis fueron enterrados en el cementerio de Bilbao. Este lunes, 28 de mayo, se cumplen 80 años de la ejecución del último de ellos.

carcel

Antigua cárcel de Laredo

“Los juicios eran muy simplones y a menudo se volvía a acusar a los reos de causas ya sobreseídas que se utilizaban como agravante”

El constructor Joaquín Maza había nacido en Santander, pero en 1937 vivía en Laredo, donde había nacido su mujer. Maza participó en la creación de Izquierda Republicana —el partido que Manuel Azaña había fundado en 1934— en Laredo, y tras la victoria del Frente Popular —la coalición electoral que integraba a Izquierda Republicana— en las generales de 1936, fue nombrado vicepresidente del Frente Popular en Laredo. Maza llegó a ser teniente de alcalde del municipio, y tras el golpe de Estado franquista que originó la Guerra Civil, fue nombrado miembro del consejo municipal y responsable de la cárcel local. Tras la toma de Laredo por las tropas franquistas en 1937, Maza fue detenido, encerrado en la cárcel local y juzgado por el Consejo de Guerra de Santoña, que —con informes de Falange, del Ayuntamiento franquista y de la Guardia Civil— lo condenó a muerte por haber sido “uno de los principales responsables de los desórdenes y desmanes ocurridos en Laredo” y le atribuyó también la responsabilidad de un hecho sucedido en 1921 en Sestao —Maza vivía entonces en la localidad vizcaína, pues trabajaba en Altos Hornos de Vizcaya— y por el que había sido absuelto en 1923: el atentado contra el gerente de Altos Hornos, que resultó herido grave y murió cuatro días después. “Eso se daba mucho en el periodo franquista”, explica José Luis Pajares. “Los juicios eran muy simplones y a menudo se volvía a acusar a los reos de causas ya sobreseídas que se utilizaban como agravante o como argumento para dar un determinado perfil de los reos; esto pasó también con muchos republicanos que habían sido absueltos o que ya habían cumplido condena por hechos relacionados con Octubre del 34”, añade. Joaquín Maza fue ejecutado a garrote vil el miércoles 15 de diciembre de 1937, a los 47 años de edad, en la cárcel de Larrinaga.

Tres días después —el sábado 18 de diciembre de 1937— era ejecutado también a garrote vil, a los 50 años de edad, y en la misma cárcel el labradorFelipe Ruiz, que había nacido en Laredo, aunque se había casado en Ajo (municipio de Bareyo), donde vivía. “Sobre él no hemos podido averiguar tanto”, reconoce Pajares, que no obstante apunta que Ruiz “debió de ponerse a disposición del Frente Popular y realizar servicios en el cercano penal de El Dueso, donde fue detenido e ingresado al entrar los nacionales y después sometido por el Consejo de Guerra de Bilbao a un juicio sumarísimo en el que también se le condenó a pena de muerte”.

En su incansable labor de investigación, José Luis Pajares y Presen Gómez han desempolvado numerosos periódicos, archivos y registros civiles y de prisiones, y también han hablado con más de 450 personas de Laredo, la mayoría de ellas vecinos y sobre todo familiares de víctimas del franquismo en el municipio.

Cinco meses después de la ejecución de Maza y Ruiz, serían ejecutados también a garrote vil y también en la cárcel de Larrinaga los jóvenes anarquistas —tres de las Juventudes Libertarias y uno, Santos Trueba, de la CNT— Manuel Roseñada, Santos Trueba, Ramón Nates y Manuel Peña, todos ellos nacidos en Laredo.

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Fotografía de Manuel Roseñada

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Fotografía de Santos Trueba

“Roseñada, Puente y Nates se fueron al Frente en la primera remesa, así que poco tiempo tuvieron para hacer esas cosas…”

Pajares y Gómez hallaron en Vitoria-Gasteiz un expediente carcelario relativo al primero de ellos, el pescador Manuel Roseñada, que al estallar la Guerra Civil se alistó como voluntario en el cenetista Batallón Libertad —el mismo en el que se enroló el legendario emboscado antifranquista de Liérganes Pin el Cariñoso— y luchó en el Frente Norte, pero que en agosto de 1937 fue detenido en Santander y —tras pasar por un campo de concentración de Vizcaya, una cárcel de Álava y el penal santoñés de El Dueso— enviado desde El Dueso junto con otros dos anarquistas de Laredo —el albañil Santos Trueba y el cuñado de éste, Vicente Puente Izaguirre— a la cárcel de Castro Urdiales, donde el 20 de enero de 1938 el Consejo de Guerra sometió a un juicio sumarísimo a Roseñada, Trueba y Puente, a los también anarquistas laredanos Ramón Nates —pescador— y Manuel Peña —zapatero— y a un miembro de la UGT que resultaría absuelto. “Los acusaban de haber participado en sacas de la cárcel de Laredo, de desapariciones o de haber estado presentes —aun no habiendo sido ejecutantes— en actos represivos atribuidos a republicanos desde el comienzo de la Guerra Civil [julio de 1936] hasta que entraron los franquistas en Laredo [agosto de 1937], pero Roseñada, Puente y Nates se fueron al Frente en la primera remesa, así que poco tiempo tuvieron para hacer esas cosas…”, explica Pajares. En cualquier caso, Roseñada, Trueba, Nates y Peña fueron condenados a muerte, y Puente, a 30 años de cárcel. Trasladados a la cárcel de Larrinaga, la Auditoría de Guerra de Bilbao ratificó sus condenas el 5 de febrero de 1938 y Roseñada —de 22 años de edad—, Trueba —de 30— y Nates —de 21— fueron ejecutados a garrote vil el viernes 27 de mayo de 1938.

En los documentos del Ministerio de la Guerra, la muerte de Manuel Peña también consta el 27 de mayo de 1938, pero su certificado de defunción data del día siguiente. ¿Por qué?

“¿Se lo estuvieron pensando? Es que no se explica…”

“Antes de ser ejecutadas, todas las sentencias tenían que ser ratificadas por el auditor de Guerra, que no tenía a nadie por delante, sólo a Franco”, explica Pajares. Manuel Peña tenía en el Ejército franquista un hermano —sargento de Infantería— que transmitió al auditor de Guerra el testimonio de los familiares del hombre cuya desaparición se atribuía a Manuel, y el auditor le respondió por escrito el 8 de febrero de 1938 que había propuesto la conmutación de la pena de muerte de su hermano “en atención a la escasa trascendencia de los hechos por él cometidos y poco daño causado”. Aun así, Manuel fue ejecutado a garrote vil en Larrinaga el 28 de mayo de 1938. “La propuesta de conmutación de la pena data del 8 de febrero, por lo que había tiempo de sobra para que llegara a la cárcel”, destaca Pajares, que se pregunta “por qué se produjo la ejecución y con ese lapso de 24 horas con respecto a Roseñada, Trueba, Nates”. “¿Se lo estuvieron pensando? Es que no se explica…”, añade.

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José Luis Pajares y Presen Gómez posan ante los muros de la antigua cárcel de Laredo

Merche Peña —una de las más de 450 personas de Laredo que han hablado con José Luis Pajares y Presen Gómez— es hija de otro de los hermanos de Manuel. Además de que “piensa que debería haber una anulación total de las condenas del franquismo porque se hicieron sin ninguna base de legalidad”, Merche “está absolutamente indignada porque no ha habido ni hay un reconocimiento de la injusticia cometida con su tío”, asegura Pajares.

Merche le ha explicado a Pajares que su padre y su abuelo paterno –el propio padre de su tío Manuel– acudieron al Consejo de Guerra de Manuel el 20 de enero de 1938 en Castro Urdiales y que siempre recordaba que “cada vez que Manuel intentaba hablar en el juicio sumarísimo, le daban un culatazo para que se callara”. El padre de Merche murió “con la pena de no haber conseguido rehabilitar judicialmente a su hermano”, y la familia de Manuel siempre ha considerado que la ejecución de éste se debió “o una negligencia o una decisión tomada porque alguien dio la orden a pesar de la conmutación propuesta por el auditor de Guerra”, pero nunca ha sabido cuál de las dos causas la provocaron. Manuel Peña Gobantes fue ejecutado a garrote vil el sábado 28 de mayo de 1938, a los 22 años de edad, en la cárcel de Larrinaga. Hoy se cumplen 80 años.

conmutacion

Historia 9: El Fuerte de San Cristóbal (Navarra) (V): La gran fuga de las cárceles franquistas

Hoy se cumplen 80 años de la fuga emprendida por gran número de los presos de esta prisión, huyendo de las duras condiciones de vida que venían padeciendo la multitud de presos políticos allí concentrados

Reproducimos la publicación de

Nuevatribuna

207 PRESOS REPUBLICANOS FUERON ASESINADOS A TIROS

80 aniversario de la mayor fuga de presos políticos en la historia de España

795 presos republicanos se evadieron el 22 de mayo de 1938 del Fuerte de San Cristóbal.

Estas políticas públicas de memoria histórica han sido posibles gracias al trabajo previo de familiares, de asociaciones e investigadores y de la ciudadanía en general

Este 20 de Mayo de 2018, cientos de personas se congregaron en la entrada del fuerte de San Cristóbal (Navarra) para rendir homenaje a los 795 presos que participaron en la fuga masiva de 1938.

El acto, que lleva realizándose treinta años de la mano de la asociación Txinparta, cobra en esta ocasión un significado especial ya que el  22 de mayo, se cumplen 80 años de la dramática huida en la que sólo tres llegaron a conseguir su objetivo: Cruzar la frontera de Francia.

Víctor Oroz Lizarraga, presidente de Txinparta, manifestó: “Llegamos tarde al reconocimiento a los presos encerrados en este fuerte militar reconvertido en prisión central de San Cristóbal. Pero el fuerte, subrayó el presidente de la asociación, “es también el nombre al que aferramos la memoria, que a pesar de todo va emergiendo”.

Oroz expresó su agradecimiento a los allí presentes y “al calor de los homenajes como este” y destacó el contacto entre familiares, así como la implicación de las instituciones y “el afloramiento de la memoria” en los centros de enseñanza, en grupos de jóvenes y en colectivos diversos.

Hace un año, 32 de los cuerpos de los presos fallecidos en la fuga del fuerte habían sido recuperados y en este momento la cifra ya ha llegado a 45, incluyendo los dos descubiertos esta semana en Leránoz. Este dato, destacó Oroz, es positivo pero no suficiente. “Vamos avanzando pero restan 160 dispersos por un sinfín de fosas sin localizar”, apuntó.

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Por su parte, Ana Ollo, consejera de Relaciones Ciudadanas e Internacionales, acudió en representación del Gobierno de Navarra y aseguró sentirse “orgullosa” de la labor que Txinparta ha desempeñado en los últimos años en torno a los hechos históricos del monte Ezkaba.

“Desde el año 2015 el Gobierno foral ha impulsado un amplio programa de actuaciones en materia de memoria histórica para terminar con ese pasado de olvido y de silencio que durante décadas ha estado en las instituciones”, señaló la consejera.

No obstante, reconoció que “estas políticas públicas de memoria han sido posibles gracias al trabajo previo de familiares, de asociaciones e investigadores y de la ciudadanía en general”.

Además, Ollo admitió que la respuesta del Gobierno no ha sido siempre la más adecuada pero quiso dejar claro el interés del Ejecutivo por colaborar en estas cuestiones. “Las instituciones hemos llegado tarde, muy tarde en algunos casos pero hoy estamos aquí con compromiso y con rotundidad”, sentenció.

En este sentido, Ollo destacó las labores del Gobierno en los últimos años, como la exhumación de 43 cuerpos de presos fugados, la creación de un banco de ADN para cotejar sus identidades con familiares o el impulso de iniciativas culturales y divulgativas para transmitir lo ocurrido.

El objetivo de todas estas políticas es común, “no olvidar”, y fomentar el ejercicio de “una mirada crítica desde el ejercicio del dolor sufrido por presos y familiares durante todo este tiempo”, concretó. “Una sociedad democrática debe responder al derecho de la memoria las víctimas y jamás ser amnésica”, detalló.

BOTELLAS PARA LOS FUSILADOS

El acto contó con algunos momentos emotivos como la ofrenda floral, que cubrió parte de la puerta de entrada al fuerte o un aurresku como muestra de consideración y respeto.

En este sentido, los organizadores quisieron que este año el símbolo protagonista fuesen las botellas. Estos recipientes de vidrio aparecieron junto a los cadáveres de muchos de los presos fallecidos tras aquel suceso o a causa de enfermedades y que fueron enterrados en cementerios o fosas cercanas al lugar. Junto a los cuerpos, frecuentemente se encontraban botellas que contenían un papel con el nombre que identificaba al cadáver y gracias a ellas se ha facilitado la identificación de muchos cadáveres.

Por este motivo, se colocaron catorce botellas en el suelo, una por cada uno de los presos fusilados por ser los supuestos instigadores de la fuga masiva de San Cristóbal.

Los actos de este 80 aniversario comenzaron hace unos días con la reinauguración del repuesto monolito levantado hace 30 años para conmemorar el 50 aniversario de la fuga de los presos de la Prisión de San Cristóbal.

En el primer acto de recuerdo, celebrado 22 de mayo de 1988, estuvieron presentes 22 supervivientes de la fuga, siendo muy emotiva la reunión de todos ellos en torno al monolito construido para la ocasión. Los años posteriores fue este lugar el punto de reunión, de convocatoria para mantener el recuerdo cada 22 de mayo. Desde hace años, el homenaje se celebra ante la puerta principal del penal. En 1938 había entre los muros del este penal franquista 2.487 personas detenidas, en su mayoría dirigentes políticos y sindicales y militantes revolucionarios y republicanos. En la fuga del 22 de mayo del 38, escaparon 795 y fueron detenidos 585. Solo tres pasaron la muga francesa y al menos 207 fueron asesinados en los aledaños del penal, en los pueblos cercanos donde fueron capturados e incluso en la Vuelta del Castillo.

Este trágico momento de la Historia de nuestra guerra civil ha sido abordado en libros como el publicado en 2011 por Carmen Domingo, titulado “La Fuga”. Cabe reseñar que después de las detenciones masivas de fugados, 14 de ellos fueron condenados a muerte acusados de ser los promotores de la sublevación y fusilados públicamente en la Ciudadela de Pamplona el 8 de septiembre de 1938. Todos los demás capturados, 585 presos, fueron condenados a 17 años más de cárcel, a sumar a las penas ya impuestas.

 

 

Casa Almería: Comienza la luz

Una tremenda satisfacción  al saber que por fin se da un paso en la reposición de la dignidad y el honor de las víctimas del Caso Almería.

Luis, Juan, Luis, por fin comienza un camino de esperanza y de justicia con vosotros.

El Parlamento cántabro insta al Gobierno español a reparar a las víctimas del terrorismo de Estado

La presidenta del Legislativo leerá una declaración institucional histórica durante el acto de homenaje que Cantabria tributará a las 19:30 horas de este jueves, 10 de mayo, a las tres víctimas del caso Almería y a sus familias.

Francisco Mañas y Carolina Hernaiz, flanqueados por mariano Calvo y Emmanuel Gimeno, miembros de Desemoriados | edc
Francisco Mañas y Carolina Hernaiz, flanqueados por mariano Calvo y Emmanuel Gimeno, miembros de Desemoriados | edc

El Parlamento de Cantabria emitirá este jueves una histórica declaración institucional a favor de las víctimas del terrorismo de Estado. El final de esta declaración institucional –apoyada por todos los grupos representados en el Legislativo autonómico– “a favor de las víctimas del caso Almería”, dice textualmente: “El Parlamento de Cantabria insta al Gobierno de España a iniciar los cambios legislativos necesarios y oportunos para que todas las víctimas del terrorismo, incluyendo a las víctimas de la violencia policial, grupos de ultraderecha y grupos parapoliciales, sean reparadas y reciban la consideración y protección que corresponde a su condición de víctimas de actos de terrorismo o violencia política”. La declaración institucional será leída por la presidenta del Parlamento, Dolores Gorostiaga, durante el homenaje que el Legislativo autonómico tributará a las 19:30 horas de este jueves, 10 de mayo, a las tres víctimas del caso Almería –Juan Mañas, Luis Cobo y Luis Montero– y a sus familias.

Así lo ha adelantado Carolina Hernaiz –de Desmemoriados, asociación promotora del homenaje y de la declaración institucional–, que este miércoles ha comparecido en rueda de prensa en el Parlamento de Cantabria junto con Francisco Mañas, hermano de Juan Mañas y portavoz de las familias de las tres víctimas del caso Almería. El homenaje de este jueves –que coincide con el 37 aniversario de los hechos y durante el que se proyectará un cortometraje documental y se rendirá un homenaje musical a las víctimas– será el primer acto en el que se realice un reconocimiento público de las víctimas del caso Almería, según han destacado Mañas y Hernaiz.

Mañas se ha mostrado “muy orgulloso” de este primer reconocimiento tras 37 años de “lucha incansable”, pero ha insistido en que todavía “no se ha hecho justicia”. En este sentido, ha recordado que lo que reivindican las familias es que el Estado español reconozca “el honor y la dignidad de las víctimas” y “una verdad oficial”. Por su parte, Hernaiz ha reconocido que Desmemoriados pretendía “ir un pasito más allá” y que el homenaje “dejara un lugar físico para la memoria, con una placa”, pero “de momento ha sido imposible”, ha lamentado.

El Exilio Laredano (VI): Un hogar en Cataluña – Otras poblaciones

Por un error, hemos publicado la entrada El Exilio Laredano (VII) cuando estaba sin publicar el (VI). 

A fin de no discriminar a ninguno de nuestros vecinos acogidos ni a las poblaciones de acogida, procedemos a publicar, pidiendo disculpas por el error involuntario.

 

En localidades de las cuatro provincias catalanas, además de las ya indicadas, van a encontrar acogida los laredanos desplazados.

Para algunos, una sola localidad en esas tierras durante toda la estancia, mientras que para otros deberán recorrer varios destinos.

En la provincia de Lérida, en la localidad de Liñola, la familia Sotomayor Roseñada permanecerá desde su llegada en Septiembre de 1937, pocos días después de abandonar Laredo, hasta su salida al exilio en enero de 1939

También en Lérida, La Seu d’Urgell acogerá a la familia Santisteban Castillo cuando el padre recupera su trabajo de cartero. Allí coinciden con el Veterinario Justo, amigo de La Pesquera. Cuando a Justo le trasladan a Puigcerdà, padre e hijo mayor de los Santisteban se desplazan a esta localidad gerundense, mientras el resto permanece en la Seu d’Urgell.

Gerona capital acogerá a la familia Cusidor Zumel cuando son expulsadas de Francia donde ya estaban instaladas en la costa atlántica, hasta que la familia que las había acogido las reclamó, regresando a Francia antes de la caída, como hicieron con el resto.

Y en la gerundense Sant Hilari Sacalm permanecerán en principio Lorenza Beci y la familia de su amiga Pepita Rocillo.

Cuando el marido de Pepita es herido en Barcelona, su familia se desplaza a esta capital, mientras Lorenza y su hijo se trasladarán a Santa Coloma de Queralt, Y en la tarraconense La Bisbal del Penedès vivirá su experiencia catalana la familia Nates Gallo.

En la capital, en Tarragona, permanecerán hasta el fin de la guerra las familias Gutiérrez Maza y Peña Maza, mientras que en varias localidades de esta provincia lo harán los San Emeterio Somarriba.

Además de la familia de Pepita, en Barcelona ha estado un buen tiempo, en Montjuic, la familia Trueba Martínez, desde donde  se desplazan también hasta donde  se encuentra la madre de los Trueba, en Santa coloma de Queralt.  De esta localidad saldrá, dejando allí a sus hijos y nieta, Juana Izaguirre, para unirse con su marido Agustín Puente en Igualada. Lo contrario que los Lastra Bustamante y sus familias, que primero están en Igualada para de ahí pasar a Santa Coloma de Queralt.

En la barcelonesa Vich permanecerán familias como las de Aja Cavada y Fernández Villegas. Y de la también barcelonesa Prat de Llobregat volverá a Laredo Mena Camino con su hijo y posiblemente alguna otra amiga, después de haber estado en Santa Coloma de Queralt.

Y también de aquella localidad, camino del norte hacia la frontera, saldrán para estar hasta la salida final en Torellò varios laredanos, entre ellos las de las amplias familias Trueba Aja y Tocornal Gutiérrez.

Hasta aquí las localidades en que hemos podido encontrar presencia de laredanos en Cataluña, basándonos en el testimonio de protagonistas o familiares de éstos, siendo posible que existan otras que no nos han relatado, de la misma manera que habrá más laredanos desplazados de cuya existencia no hemos tenido conocimiento.

El Exilio Laredano (VII): Un hogar en Cataluña – De nacimientos, bodas y fallecimientos.

Dieciocho meses de estancia en esta nueva tierra de acogida son todo un mundo y como en todos los mundos, la vida sigue y va narrando episodios familiares que en este caso se ven marcados por la nostalgia de la lejanía de las raíces y por la presencia de una guerra que va a precipitar más muertes que aquellas consideradas “naturales”.

Muchas de las localidades y capitales que hemos nombrado con anterioridad, van a ser testigos de acontecimientos familiares que vamos a intentar relatar por el mismo orden que fuimos conociendo las localidades.

En La Garriga (Barcelona) fallecerá a consecuencia de los bombardeos contra la población civil, Juanita Sebastián Unzúe, el 29 de Enero de 1939, con 14 años.

Dos primos nacerán en  Llanars (Gerona) con menos de un mes de diferencia: Junio Miguel Martínez, el 21 de Junio de 1938 y Elvira Nates Miguel, el 17 de julio siguiente.

En Santa Coloma de Queralt (Tarragona) vamos a asistir a dos bodas, una entre los laredanos Macario Albo María Cuesta. La otra será entre un laredano y una lugareña y se celebrará años después de la primera estancia. Cuando José Faraudo Talledo llega a esta localidad conoce a Paquita Ferré, pero no es hasta después de 1942 cuando contraen matrimonio, pues al regresar José a Laredo fue detenido y encarcelado, saliendo en ese año con destierro y volviendo entonces a Santa Coloma.

 

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María Cuesta y Macario Albo en su boda

 

En Liñola (Lerida) viene a nacer el 31 de Enero de 1938 Libertad Gómez Sotomayor a la que su padre, Manuel Gómez Esteban no llegará a conocer pues cae en el Frente en Cataluña, siendo el único laredano que hemos conocido falleció allí combatiendo.

María Luisa Cusidor Zumel nacerá en Gerona el 29 de Diciembre de 1937.

Casi tres meses después de salir su madre de Laredo, nace Vicente Veci Edilla en Sant Hilari Sacalm el 13 de Noviembre de 1937. Al año siguiente, el 25 de Agosto nacerá la hija de la amiga y compañera de su madre, Libertad Somarriba Rocillo.

En Tarragona nace en fecha que desconocemos José Gutiérrez Maza, que fallecerá pocos meses después a consecuencia de las duras condiciones en que vive la familia.

En Montjuic (Barcelona) nacerá entre bombas, en !938, Olga Trueba Martínez.

El 9 de Enero de ese mismo año había nacido Mª Teresa Lirón Izaguirre en Vich (Barcelona), localidad en la que a finales de Diciembre fallecerían Panchita Fernández Villegas víctima de un bombardeo y Anselmo Aja Gutiérrez, atropellado por un vehículo pesado en el caos ocasionado también por los bombardeos.

Tras dejar Santa Coloma de Queralt por la presencia de batallas en la desembocadura del Ebro y camino de la frontera, son acogidas en Torelló, al norte de Barcelona, varias familias. Allí asiste como testigo Luisa Gutiérrez Linares a la boda de Teresa Herboso Pérez Anselmo Trueba Aja.

El Caso Almería: 37 años de impunidad e injusticia.

Excepcionalmente, voy a utilizar una de las entradas de esta publicación para realizar un pequeño homenaje a las víctimas de uno de los casos que recuerdo con más estupor y con el que la actual democracia tiene uno de sus puntos más negros.

El honor de las víctimas requiere una reposición y la sociedad necesita una explicación más creíble que la que se dió en su día y aún hoy constituye la versión oficial.

Sería una buena ocasión para convencernos de que estamos en una democracia real.

Conocí a Luis Montero en aquellas asambleas del metal para la discusión del convenio del sector en 1978. Me causó una buena impresión: era un buen tipo, franco, directo y muy comprometido.  En mi efímero paso por la Secretaría de Organización de la Federación del Metal de CC.OO. de Cantabria tuve la oportunidad de profundizar en el trato con él, confirmando mi primera impresión. Mi promoción dentro de la organización sindical y mi cambio de domicilio a la capital hizo que el trato fuera más frecuente. Coincidíamos, además, en la militancia política y el trato se hizo muy frecuente. La misma conclusión: un buen tipo.

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Luis (M), Juan y Luis (C)

Pronto coincidimos también en la noche santanderina y Luis (Montero) me presentó a sus mejores amigos: Luis (Cobo), alegre y extrovertido, con el que rápidamente tomé confianza y Juan (Mañas), más joven y retraído, pero no por ello menos apreciado.

Supimos todos de su viaje a Almería porque lo habían anunciado a los cuatro vientos: Juan, al que el servicio militar primero y su trabajo después habían traido a esta región, conocía a las familias de ambos Luis, que le habían acogido como un familiar más y ahora su familia podría corresponder con ellos, alojándoles en su casa y haciéndoles partícipes de un evento familiar, íntimo, en los que iban a ser unos familiares más. Era la forma de corresponder de los Mañas al trato dado a su hijo.

El amanecer de aquel 10 de mayo truncó aquel evento familiar y puso un nudo en la garganta a cuantos les conocíamos.

La noche santanderina que ellos compartían se ahogó en un sollozo colectivo: nos les había arrebatado. Recuerdo el llanto incontenido de Lilí, la buena amiga de Luis Cobo primero y de los tres seguidamente. Ella también iba a emprender el viaje con ellos, pero la denegación de permiso laboral la dejó en Santander. Lágrimas y frustración por no haber podido compartir el viaje con ellos; lágrimas e impotencia porque no había explicación a esas muertes. Los detalles escabrosos de la sucesión de los hechos aumentaron la impotencia y la indignación: si ninguna persona  merecería un final como el suyo, nosotros sabíamos que nuestros amigos no podían levantar las “sospechas” alegadas para su detención y escarnio.

Desde las organizaciones a las que pertenecía Luis (Montero) también intentamos profundizar y encontrar explicaciones allí donde podías darse, encontrando el muro más alto de opacidad y silencio: las cloacas del Estado había actuado una vez más y habían ahogado en su propio fango la credibilidad y la transparecia.

37 años después algunos, ilusos de nosotros, seguimos esperando explicaciones.

José Luis Pajares Diego               

 

P.D.

El próximo jueves 10, a las 7,30 de la tarde, el Parlamento de Cantabria y el Colectivo Desmemoriados. Memoria Colectiva de Cantabria han organizado un Acto de homenaje en la sede del Parlamento.

Es el primer acto de reconocimiento que conozco de una instancia oficial y lo considero un buen paso.

El colofón debiera ser una resolución de esa institución exigiendo al Gobierno del Estado el reconocimiento de Luis Montero, Juan Mañas y Luis Cobo como víctimas de terrorismo de estado y compensando a sus familias como se hace con otras víctimas.

Foto de Desmemoriados. Memoria colectiva de Cantabria.
MAY10

La memoria es Dignidad. Caso Almeria

Público

 

 

            

 

 

Historia nº 8: La “abuela” Rosa

 

A los noventa años, Ramiro Santisteban aún recuerda con desolación el día que él y su familia tuvieron que abandonar su tierra natal huyendo de las tropas nacionales. Acogidos por el país galo, el ejército francés le alista en sus filas junto a su padre y a su hermano cuando estalla la Segunda Guerra Mundial y le traslada en tren al norte de Francia. Es en ese lugar donde los tres caen prisioneros de los alemanes y son conducidos al campo de exterminio nazi de Mauthausen, en Austria. Allí, Ramiro asiste a escenas que jamás podrá olvidar: el horno crematorio siempre humeante, castigos constantes a los prisioneros judíos, cámaras de gas de donde los compañeros nunca salen, humillaciones, vejaciones sufridas en carne propia, hambre, dolor, enfermedades y una sola idea en mente: sobrevivir. Cinco años después, cuando por fin él, su padre y su hermano son puestos en libertad, el padre muere en París con los pulmones destrozados. Manuel, su hermano, decide pasar la frontera ilegalmente e ir al encuentro de su madre, pero es acribillado a balazos por la guardia civil.
La suerte de Ramiro es otra. Destrozado por el dolor de una vida deshecha y por la muerte de los suyos, trata, como puede, de iniciar un nuevo periodo de su vida en París. Conoce a Niní, una funcionaria del Ministerio de Justicia por cuyas manos pasan los expedientes de los criminales nazis. Junto a ella, consigue borrar el dolor de tanto sufrimiento para así poder iniciar una nueva vida.
Del resumen de AMANECE EN PARÍS

 

Amanece en París, de la editorial Temas de hoy (2010) es un libro de la escritora y periodista Paloma Sanz, basado en los recuerdos de Ramiro Santisteban, laredano superviviente del Campo de Exterminio de Mauthausen.

Frente a la dureza de la mayor parte de la publicación encontramos dos momentos donde el protagonista viva una etapa dichosa: una se refiere al momento en que conoce a su esposa Niní, que va ser a ser un bálsamo para sus experiencias con los alemanes y la separación de los suyos y la otra la encontramos en los inicios del relato cuando Ramiro nace en La Pesquera y dura hasta el sobresalto de la rebelión militar y el inicio de la guerra civil que terminaría con su exilio.

Desde el momento en que Ramiro va a nacer surge un personaje cercano y tierno que forma parte de la familia.

Se trata de Rosa, una tía de Silvina, la madre de Ramiro, que la ha criado en su pueblo desde que quedó huérfana y la ha instruido para enfrentarse a la vida y al trabajo. De ella se dice que es soltera y huérfana, como Silvina.

Rosa ejerce como la abuela de la casa, asistiendo a Silvina en sus múltiples partos, cuidando a su extensa prole mientras Silvina atiende su negocio de fonda y alojamiento y preparando las meriendas en las excursiones que puede disfrutar la familia.

Cuando la familia deja La Pesquera camino, primero de Cataluña y más tarde del exilio francés, Rosa va con ellos y será un puntal indispensable para Silvina, especialmente cuando viene la separación del marido y los dos hijos mayores y cuando vuelve a Laredo y tiene que empezar de cero.

Muere pocos años después del regreso Rosa, mayor y cansada de sus avatares y los de los suyos.

Para satisfacción de los descendientes de la familia, hemos conseguido identificar a la abuela Rosa.

Natural de Liendo, donde había nacido en octubre de 1866, había enviudado cuando acoge a su sobrina Silvina.

Su nombre era Rosa Ortiz Gil.

 

El Exilio Laredano (V): Un hogar en Cataluña – La Comuna de Santa Coloma de Queralt.

Encontramos en Santa Coloma de Queralt (Tarragona) la mayor presencia de laredanos que hemos podido constatar.

En el periodo de la Segunda República pasa a llamarse Segarra de Gaia, posiblemente por motivos anticlericales y en 1937 pasan a acuñar monedas y billetes propios, conociéndose su peseta también por el nombre de la localidad

Es una localidad agrícola, con una fuerte presencia de anarquistas muy bien organizados y muy solidarios  que organizan en la fortaleza de la localidad (hoy edificio de la Casa de Cultura) un refugio para los acogidos de otras regiones y provincias del país, que huyen  de la represión de los franquistas.

Santa Coloma-El Castell

 

  • Los lugareños no observaban con desconfianza al principio, pero rápidamente cambiaron por una actitud de entrega y solidaridad impresionante, repetía mi madre de continuo.
(hijo de María Cuesta)
  • ïbamos de excursión hacia Asturias en un bus de dos plantas, la alta ocupada por laredanos que íbamos cantando. De repente subió un hombre que nadie conocía y se puso a cantar con nosotros. Decía ser catalán, de Santa Coloma y que sabía las canciones de la época en que los refugiados de Laredo estuvieron allí, porque se convirtieron en canciones del pueblo.
(nietas de Luisa Gutiérrez Linares)

Por el testimonio de  los descendientes, sabíamos que en Santa Coloma de Queralt estuvieron:

Familia Trueba – Aja, formada por la madre, sus 6 hijas y su hijo menor.

Otro hijo está trabajando en la retaguardia y está ocasionalmente. Aquí está su prometida.

Familia Tocornal – Gutiérrez, formada por una madre y dos hijas adultas.

Familia Roseñada – Tocornal, formada por una madre y 3 hijos menores (*)

(*) Se da la cincunstancia de que la madre de este grupo es hija y hermana del grupo anterior

Familia Lastra Bustamante, 4 hermanos, mujer e hija de uno de los varones, sus cuñado y dos hijos.

Familia Albo – Cuesta, la esposa (**)

(**) El marido está en el frente y al caer Cataluña defiende Valencia. Tras su caída se reúne con la esposa.

Familia Beci – Edilla, una madre con su hijo pequeño.

Un ciudadano, Valentín Ugartividea Arguiñarena

Un miembro de la familia Puente Izaguirre, que estuvo estudiando la historia de su familia, sobre Santa Coloma de Queralt, informa:“Tenía una población de unos 3500 habitantes. Acogieron a muchos refugiados en un Castillo, unos 175, entre ellos muchos laredanos. Los voluntarios que les atiendieron eran mayoritariamente anarquistas (muchos de los de Laredo que conocemos su militancia también lo eran). Se creó un gran ambiente de compañerismo entre los nativos y los acogidos y se celebraron algunas bodas entre ellos.Visité esta localidad agrícola y con el archivero encontramos en un desván fichas de acogidos en muy mal estado. Pude tomar nota de:

  • Puente Izaguirre, las 2 hijas y el hijo menor. (*)                                                         (*)   Debía estar también la hija de una de las hermanas.
  • Tramullas (habla en singular)
  • Faraudo Talledo, una viuda y dos sobrinos
  • Los de Albo, con 8 hijos de 6 a 23 años (Por las edades de los hijos debe tratarse de un error y tratarse los mencionados Trueba Aja)
  • Los de Lastra Bustamante (ya citados arriba)
  • Los de Tocornal (ya citados arriba)
  • Torres Marín
  • Alcalde Gonzalo” (suponemos se refiere a Gonzalo Salviejo, primer Alcalde del Frente Popular, que salió de Laredo con su mujer, 2 hijas, 2 hijos y sus suegros).
Últimamente hemos encontrado mas personas sueltas, sobre todo mujeres,  una de ellas son un hijo.Camino, Filomena 1

Mujeres de Laredo en Santa Coloma de Queralt:

de pie: Belén Alonso, Mena Camino, Concha Zubieta y Manuela Torre

la mujer sentada no está identificada, pero también puede ser de Laredo

El Penal del Puerto de Santa María

Tres de nuestros trabajos están relacionados con el Penal del Puerto de Santa María (Cádiz) al haber cumplido condena en este duro centro nuestros protagonistas. Los tres tienen en común, además, una condena a Cadena Perpetu (3o años de Reclusión Mayor) por sendos delitos atribuidos de Adhesión a la Rebelión Militar.

Vicente Puente, laredano, al salir en Libertad condicional con Destierro, vive en Avilés y acaba exiliado en Francia, tras una peculiar odisea.

Julián Cuevas, santoñés de adopción y casado con una laredana, al salir en libertad condicional fija su residencia en Laredo, donde ha fijado la residencia su mujer.

Antonio Sánchez, cordobés que en El Dueso conoce a la que sería su mujer que va al penal a atender a unos vecinos. Al salir en libertad termina en Laredo.

(Vicente, Julián y Antonio)

Los penales del Dueso y del Puerto de Santa María tienen en común la dureza de sus condiciones para los presos y en 1938, por orden de Instituciones Penitenciarias, realizan un intercambio de presos con el fin de incrementar la pena de los condenados, alojándoles de sus lugares de origen. Así, Vicente y Julián irán al Puerto, mientras Antonio llega a Santoña.

Para definir las duras condiciones del Puerto de Santa María, reproducimos parte del artículo del Diario digital Público, de 21 de Abril de 2018:

“Mejor quisiera estar muerto, que preso toda la vida en el penal del Puerto”

Un documental inédito de las directoras Vanessa Perondi y Sara Gallardo relata la crudeza de la vieja cárcel del Puerto de Santa María, uno de los bastiones represivos más importantes del régimen. 16.000 presos políticos pasaron por este penal. 600 hombres perdieron la vida dentro de sus muros.

Antigua imagen de la prisión del Puerto de Santa María. / Relatoras Producciones
Antigua imagen de la prisión del Puerto de Santa María. / Relatoras Producciones

Nadie en el Puerto de Santa María (Cádiz) olvida una copla antigua que recuerda la terrorífica cárcel, la del Penal, que tuvo abiertas sus puertas hasta 1981. “Mejor quisiera estar muerto, mejor quisiera estar muerto, que preso para toda la vida, en ese penal del Puerto, Puerto… Puerto de Santa María…”. Los familiares y vecinos del pueblo gaditano recuerdan aquel espacio donde murieron casi 600 presos en plena posguerra. “¡Esto no es una prisión, esto es un penal!”. El Penal fue el “mal del mal” detallan los familiares. Hambre, enfermedades, hacinamiento y torturas castigaron a cientos de hombres hasta bien entrada la Transición. Muchos de ellos murieron por enfermedades relacionadas con la desnutrición y falta de alimento.

El documental ‘El Penal: rostro y alma del mito’ recoge el ingente trabajo del Foro por la Memoria de El Puerto para la recuperación de todos los presos políticos que pasaron por este bastión represivo. 16.000 hombres encarcelados hasta finales del régimen. Solo en la posguerra la prisión alcanzaría niveles de población escalofriantes. 5.479 reclusos, quintuplicando el número de presos habituales antes de la guerra.

Ni hablar, ni cantar, ni silbar… silencio absoluto

Más de 16.000 hombres encarcelados hasta finales del régimen

Vanessa Perondi y Sara Gallardo, autoras del documental, relatan a Público como todos los testimonios documentan el terror que se vivía intramuros. Una auténtica “cárcel del horror” y mucho penar. “Hablamos de hacinamiento, enfermedad, y hambre. Porque en esta prisión la gente moría de hambre. La población reclusa era totalmente desorbitada pero el dinero que se tenía para preparar el rancho de los presos no se aumentó, con lo cual la gente no llegaba a ingerir las calorías necesarias para subsistir”.

La dieta de los reclusos se componía de alimentos en estado de descomposición. El estudio ‘Una cárcel de Posguerra’, de la prisión central del Puerto en 1940 destaca que “no había otro menú que berzas forrajeras: nabos podridos cocidos con agua, coles, vainas de habas”. El hambre arreciaba sobre una población que fallecía víctima de la desnutrición.

Pilar Peruyera vicepresidenta del Foro por la Memoria de El Puerto, afirma a Público como la represión franquista llevó en este municipio a la muerte y humillación pública de “obreros, comerciantes intelectuales que habían sido muy respetados socialmente y pasaron a convertirse en criminales”.

Las condiciones de vulnerabilidad eran muy fuertes, sin protección ni medidas higiénicas. “Se vive una incautación física y moral a través de una humillación personal de cada uno de los reclusos”. La cifra de fallecidos es tremenda. 600 presos mueren en la represión dentro del penal, “Caquexia, síndrome carencial, tuberculosis, tifus, ulceras…” apunta Peruyera. Una extensa tipología de fallecimientos para maquillar los datos. El informe de los Libros del Cementerio y de Defunciones del capellán de la Prisión así lo confirma. Se contabilizaron 318 muertes no violentas entre abril de 1939 y julio de 1942.

Ramón Rubial, uno de los presos que aparece en la cinta relata que “había días que morían hasta tres presos de inanición”. Cuenta cómo tenían que dormir de canto porque si no, no cabían. A parte estaban los que fusilaban, torturaban… “Eran presos políticos en manos de sus enemigos”.

Fotografía de Lucía García Cobos. / Relatoras Producciones

Fotografía de Lucía García Cobos. / Relatoras Producciones

Lucía García Coiros es otro de los testimonios más crudos del documental. Actualmente reside en Puerto Real y relata la historia de su madre que a día de hoy tiene una estatua en uno de los jardines de la vieja cárcel. Recuerda, a pesar de que era una niña, cuando su madre iba a ver a su padre que estaba allí encarcelado. “El murió de tuberculosis o caquexia no recuerdo exactamente pero no duró mucho tiempo allí. Fue muy duro todo aquello”.

Uno de los datos que dejaría atónitas a las directoras de ‘El Penal: rostro y alma del mito’ fue las historias sobre las celdas de aislamiento. Pilar y Vanesa cuentan como los presos que iban a estos espacios lo hacían por periodos de hasta 90 días. “No podían emitir ningún sonido, ninguno. Ni cantar, ni silbar, ni hablar contigo mismo, ni toser… nada, silencio absoluto”.

Un antiguo monasterio religioso

“Eran presos políticos en manos de sus enemigos”

El famoso penal del Puerto de Santa María se construyó sobre los cimientos del antiguo monasterio de la Victoria, desamortizado a finales del siglo XIX. No fue hasta la posguerra cuando la Prisión Central del Puerto de Santa María alcanzaría los niveles de poblamiento más elevados de su historia. El municipio gaditano contaba con una población de 22.264 habitantes. El 20 por ciento de su población se encontraba cumpliendo condena. Tres de cada diez hombres que estaban censados en El Puerto en 1940 eran reclusos.

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La procedencia era diversa. El investigador Daniel Gatica apunta que esta prisión “se convirtió en uno de los centros penitenciarios cuantitativamente más importantes de todo el país”. No llegaban a la mitad (43,17 por ciento) los presos andaluces, siendo el mayor grupo, vecinos del resto de España (55,92 por ciento). Tampoco faltaba entre sus filas un reducido grupo de 50 extranjeros. Sin embargo, los estudios realizados han permitido descubrir que el perfil más típico de la prisión del Puerto en la posguerra sería el de varón, de 36 a 37 años de edad, casado, que sabe leer y escribir y cuya actividad económica la desarrollaba como campesino o jornalero.

Documentación requerida a los presos en la cárcel del Puerto de Santa María. / Relatoras Producciones

Documentación requerida a los presos en la cárcel del Puerto de Santa María. / Relatoras Producciones

La insalubridad alcanzaba cotas estremecedoras. Miles de presos se veían obligados a hacer sus necesidades en un recipiente que se iba pasando de celda en celda…, no existían condiciones de habitabilidad. “Ventanas sin cristales, naves y servicios higiénicos insuficientes”. Un auténtico infierno.

No fue hasta los años cincuenta cuando se produjo una “disminución efectiva del número total de reclusos” con la creación dentro del penal de células de los partidos políticos y organizaciones sindicales clandestinas”, según destaca el periodista Manuel Martínez.

Con la llegada de la Transición en esta cárcel se seguía ejerciendo la violencia. Sin piedad. De hecho hasta que se cierra en 1981 hay testimonios que lo atestiguan como el de Vladimiro Fernández Tovar que abandonó la prisión en 1977 quedando en libertad bajo la ley de Amnistía.

Finaliza con el relato sobre otra otra víctima.