El Penal del Puerto de Santa María

Tres de nuestros trabajos están relacionados con el Penal del Puerto de Santa María (Cádiz) al haber cumplido condena en este duro centro nuestros protagonistas. Los tres tienen en común, además, una condena a Cadena Perpetu (3o años de Reclusión Mayor) por sendos delitos atribuidos de Adhesión a la Rebelión Militar.

Vicente Puente, laredano, al salir en Libertad condicional con Destierro, vive en Avilés y acaba exiliado en Francia, tras una peculiar odisea.

Julián Cuevas, santoñés de adopción y casado con una laredana, al salir en libertad condicional fija su residencia en Laredo, donde ha fijado la residencia su mujer.

Antonio Sánchez, cordobés que en El Dueso conoce a la que sería su mujer que va al penal a atender a unos vecinos. Al salir en libertad termina en Laredo.

(Vicente, Julián y Antonio)

Los penales del Dueso y del Puerto de Santa María tienen en común la dureza de sus condiciones para los presos y en 1938, por orden de Instituciones Penitenciarias, realizan un intercambio de presos con el fin de incrementar la pena de los condenados, alojándoles de sus lugares de origen. Así, Vicente y Julián irán al Puerto, mientras Antonio llega a Santoña.

Para definir las duras condiciones del Puerto de Santa María, reproducimos parte del artículo del Diario digital Público, de 21 de Abril de 2018:

“Mejor quisiera estar muerto, que preso toda la vida en el penal del Puerto”

Un documental inédito de las directoras Vanessa Perondi y Sara Gallardo relata la crudeza de la vieja cárcel del Puerto de Santa María, uno de los bastiones represivos más importantes del régimen. 16.000 presos políticos pasaron por este penal. 600 hombres perdieron la vida dentro de sus muros.

Antigua imagen de la prisión del Puerto de Santa María. / Relatoras Producciones
Antigua imagen de la prisión del Puerto de Santa María. / Relatoras Producciones

Nadie en el Puerto de Santa María (Cádiz) olvida una copla antigua que recuerda la terrorífica cárcel, la del Penal, que tuvo abiertas sus puertas hasta 1981. “Mejor quisiera estar muerto, mejor quisiera estar muerto, que preso para toda la vida, en ese penal del Puerto, Puerto… Puerto de Santa María…”. Los familiares y vecinos del pueblo gaditano recuerdan aquel espacio donde murieron casi 600 presos en plena posguerra. “¡Esto no es una prisión, esto es un penal!”. El Penal fue el “mal del mal” detallan los familiares. Hambre, enfermedades, hacinamiento y torturas castigaron a cientos de hombres hasta bien entrada la Transición. Muchos de ellos murieron por enfermedades relacionadas con la desnutrición y falta de alimento.

El documental ‘El Penal: rostro y alma del mito’ recoge el ingente trabajo del Foro por la Memoria de El Puerto para la recuperación de todos los presos políticos que pasaron por este bastión represivo. 16.000 hombres encarcelados hasta finales del régimen. Solo en la posguerra la prisión alcanzaría niveles de población escalofriantes. 5.479 reclusos, quintuplicando el número de presos habituales antes de la guerra.

Ni hablar, ni cantar, ni silbar… silencio absoluto

Más de 16.000 hombres encarcelados hasta finales del régimen

Vanessa Perondi y Sara Gallardo, autoras del documental, relatan a Público como todos los testimonios documentan el terror que se vivía intramuros. Una auténtica “cárcel del horror” y mucho penar. “Hablamos de hacinamiento, enfermedad, y hambre. Porque en esta prisión la gente moría de hambre. La población reclusa era totalmente desorbitada pero el dinero que se tenía para preparar el rancho de los presos no se aumentó, con lo cual la gente no llegaba a ingerir las calorías necesarias para subsistir”.

La dieta de los reclusos se componía de alimentos en estado de descomposición. El estudio ‘Una cárcel de Posguerra’, de la prisión central del Puerto en 1940 destaca que “no había otro menú que berzas forrajeras: nabos podridos cocidos con agua, coles, vainas de habas”. El hambre arreciaba sobre una población que fallecía víctima de la desnutrición.

Pilar Peruyera vicepresidenta del Foro por la Memoria de El Puerto, afirma a Público como la represión franquista llevó en este municipio a la muerte y humillación pública de “obreros, comerciantes intelectuales que habían sido muy respetados socialmente y pasaron a convertirse en criminales”.

Las condiciones de vulnerabilidad eran muy fuertes, sin protección ni medidas higiénicas. “Se vive una incautación física y moral a través de una humillación personal de cada uno de los reclusos”. La cifra de fallecidos es tremenda. 600 presos mueren en la represión dentro del penal, “Caquexia, síndrome carencial, tuberculosis, tifus, ulceras…” apunta Peruyera. Una extensa tipología de fallecimientos para maquillar los datos. El informe de los Libros del Cementerio y de Defunciones del capellán de la Prisión así lo confirma. Se contabilizaron 318 muertes no violentas entre abril de 1939 y julio de 1942.

Ramón Rubial, uno de los presos que aparece en la cinta relata que “había días que morían hasta tres presos de inanición”. Cuenta cómo tenían que dormir de canto porque si no, no cabían. A parte estaban los que fusilaban, torturaban… “Eran presos políticos en manos de sus enemigos”.

Fotografía de Lucía García Cobos. / Relatoras Producciones

Fotografía de Lucía García Cobos. / Relatoras Producciones

Lucía García Coiros es otro de los testimonios más crudos del documental. Actualmente reside en Puerto Real y relata la historia de su madre que a día de hoy tiene una estatua en uno de los jardines de la vieja cárcel. Recuerda, a pesar de que era una niña, cuando su madre iba a ver a su padre que estaba allí encarcelado. “El murió de tuberculosis o caquexia no recuerdo exactamente pero no duró mucho tiempo allí. Fue muy duro todo aquello”.

Uno de los datos que dejaría atónitas a las directoras de ‘El Penal: rostro y alma del mito’ fue las historias sobre las celdas de aislamiento. Pilar y Vanesa cuentan como los presos que iban a estos espacios lo hacían por periodos de hasta 90 días. “No podían emitir ningún sonido, ninguno. Ni cantar, ni silbar, ni hablar contigo mismo, ni toser… nada, silencio absoluto”.

Un antiguo monasterio religioso

“Eran presos políticos en manos de sus enemigos”

El famoso penal del Puerto de Santa María se construyó sobre los cimientos del antiguo monasterio de la Victoria, desamortizado a finales del siglo XIX. No fue hasta la posguerra cuando la Prisión Central del Puerto de Santa María alcanzaría los niveles de poblamiento más elevados de su historia. El municipio gaditano contaba con una población de 22.264 habitantes. El 20 por ciento de su población se encontraba cumpliendo condena. Tres de cada diez hombres que estaban censados en El Puerto en 1940 eran reclusos.

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La procedencia era diversa. El investigador Daniel Gatica apunta que esta prisión “se convirtió en uno de los centros penitenciarios cuantitativamente más importantes de todo el país”. No llegaban a la mitad (43,17 por ciento) los presos andaluces, siendo el mayor grupo, vecinos del resto de España (55,92 por ciento). Tampoco faltaba entre sus filas un reducido grupo de 50 extranjeros. Sin embargo, los estudios realizados han permitido descubrir que el perfil más típico de la prisión del Puerto en la posguerra sería el de varón, de 36 a 37 años de edad, casado, que sabe leer y escribir y cuya actividad económica la desarrollaba como campesino o jornalero.

Documentación requerida a los presos en la cárcel del Puerto de Santa María. / Relatoras Producciones

Documentación requerida a los presos en la cárcel del Puerto de Santa María. / Relatoras Producciones

La insalubridad alcanzaba cotas estremecedoras. Miles de presos se veían obligados a hacer sus necesidades en un recipiente que se iba pasando de celda en celda…, no existían condiciones de habitabilidad. “Ventanas sin cristales, naves y servicios higiénicos insuficientes”. Un auténtico infierno.

No fue hasta los años cincuenta cuando se produjo una “disminución efectiva del número total de reclusos” con la creación dentro del penal de células de los partidos políticos y organizaciones sindicales clandestinas”, según destaca el periodista Manuel Martínez.

Con la llegada de la Transición en esta cárcel se seguía ejerciendo la violencia. Sin piedad. De hecho hasta que se cierra en 1981 hay testimonios que lo atestiguan como el de Vladimiro Fernández Tovar que abandonó la prisión en 1977 quedando en libertad bajo la ley de Amnistía.

Finaliza con el relato sobre otra otra víctima.

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