El Exilio Laredano (I): Un hogar en Cataluña

 

En la primavera de 1937, el avance de las tropas sublevadas por el Este va dibujando un panorama poco halagüeño para las provincias aún bajo mandato republicano (Bizcaia, Cantabria y Asturias). La estela de represión de los representantes del nuevo régimen en las zonas ya ocupadas son un aviso de lo que está por llegar. Comienza en Laredo un lento éxodo, fundamentalmente de familiares de personas especialmente comprometidas con el régimen vigente, especialmente mujeres y niños. En este periodo se produce la evacuación de los llamados “niños de Moscú”, que salieron vía Francia para acabar, la mayor parte de ellos en aquel país de la Unión Soviética.

La caída de Bilbao, entrada la segunda quincena de junio, precipita el ritmo de las salidas, organizadas por las autoridades locales y provinciales, si bien avaladas por los sindicatos, que son quienes firman las solicitudes de sus afiliados para  la salida de sus familiares. Algunos propietarios de barcos de pesca organizan sus propios grupos entre familiares y conocidos.

El 24 de Agosto, con  las tropas “nacionales” en Guriezo y la firma de los Gudaris del llamado “Pacto de Santoña”, ya no tiene cabida la organización y la espera y, hasta la mañana del 26, con las tropas enemigas en el alto de Laredo, la gente baja a los muelles y embarcan en los pósitos de pesca que ponen en marcha los propios pescadores.en la evacuación.

Se produce la entrada de las tropas nacionales que, paradójicamente, esta compuesta casi en su totalidad por soldados y mandos italianos y alemanes.

Aisladamente, alguna salida se ha producido por medios distinto al barco, pero predomina ésta, al principio desde Santander o Gijón y en los barcos propios directamente desde Laredo  y el destino es Francia para, mayoritariamente, desde ahí desplazarse a la zona republicana de Cataluña, aún en manos de la República ya que no existe una idea global de exilio, sino que el desplazamiento se plantea como algo temporal, pensando que la dictadura no se iba a imponer o que si lo hacía la ayuda internacional impediría la prolongación en el tiempo. Incluso los que pretenden quedarse en Francia, en la costa atlántica, lo hacen por razones de proximidad o por seguir con tareas iguales a las que hacían en Laredo, los pescadores fundamentalmente. Después vendrán las evacuaciones forzosas hacia Cataluña para la mayor parte de ellos, promovidas por las autoridades francesas, presionados por los alemanes.

Muchas familias laredanas estuvieron en varias localidades catalanas, entre ellas Barcelona, sobre todo las que van siguiendo a esposos que participa en tareas de defensa de la zona, bien como alistados, bien en la retaguardia, pero hay varias localidades en que encontramos una presencia importante de laredanos. Son localidades de una gran acogida de “refugiados de guerra” en las que los desplazados van a encontrar un segundo hogar que compense en buena parte el dolor de la separación del suyo.

A la tímida y desconfiada acogida en principio,, le sustituye rápidamente el calor de la solidaridad y la familiaridad de una amistad que perdurará por años. Veladas de cenas compartidas, tertulias y cánticos, acabarán también en alguna que otra boda entre los lugareños y acogidos.

El relato de los protagonistas durante el resto de sus vidas es el mejor testimonio que puede probarlo

 

 

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