In Memoriam: Conchita Santisteban

En apenas dos horas despedimos a Concepción Santisteban Castillo, fallecida en el día de ayer.

Hablar de Conchita es hablar de una mujer anónima, como tantas.

Citar a Conchita Santisteban nos acerca al mundo del horror que supusieron los Campos de exterminio, que conocieron su padre y sus dos hermanos mayores, supervivientes de Mauthausen.

Nombrarla también con su apellido materno Santisteban Castillo, es evocar a su madre Silvina Castillo, que tan bien simboliza el mundo del dolor y las tragedias de las mujeres en la guerra civil y posterior represión.

Silvina regentaba una tienda de ultramarinos con fonda en la que se celebraban banquetes, mientras tiene 9 hijos. Poco antes de caer Laredo en manos de los nacionales partió con su familia en dirección Santander, donde lograron coger un barco con destino a La Rochelle, y allí un tren les trasladó a Cataluña, permaneciendo hasta el 9 de febrero de 1939 cuando pasaron la frontera francesa, siendo recluida la familia inicialmente en el campo de internamiento de Argelés sur Mer, trasladadas al departamento de L´Orne, en Normandía, y deportada posteriormente con sus hijas Matilde, Margarita y Concepción y sus hijos Francisco , Alfonso y José Manuel y la abuela Rosa un campo de refugiados en Normandía. Permanece en Sées hasta que al saber que su marido y sus dos hijos mayores habían sido detenidos en mayo de 1939, decide regresar con toda la familia a España en 1940. Al llegar a Laredo encuentra con todas sus propiedades incautadas y la prohibición para realizar una vida comercial para mantener a su familia.

Silvina se entrevista con el Alcalde, un  médico que durante los primeros meses de la guerra estaba detenido y su marido con 2 socialistas más y el director de la cárcel logran sacar y salvar la vida,  que no sólo le niega la ayuda sino que le sugiere que debe marcharse de este pueblo donde no son bien recibidos.

Su marido y los dos hijos mayores fueron internados en el campo de Mathausen, de donde consiguieron salir con vida pero el marido falleció en un hospital de París en 1945 a consecuencia de la desnutrición y la tuberculosis. Su hijo mayor, Manuel, cayó emboscado por la Guardia Civil cerca de Camprodon (Lleida) cuando pasa la frontera con la intención de ir a ver a su añorada madre.

Conchita era el último baluarte femenino de esta saga de víctimas.

Su hermano Ramiro, próximo a cumplir 97 años, simboliza la lucha por los derechos de los deportados y de la exigencia de reposición del honor de todas las víctimas y la exigencia de responsabilidades al franquismo. Fue uno de los creadores, en algún perior presidente, de la FEDIP, una de las asociaciones que más ha peleado por los derechos de los exdeportados. Es uno de los supervivientes españoles que promovieron, con el apoyo de la organización de derechos humanos Nizkor, la querella contra 4 miembros de las SS que cometieron todo tipo de atrocidades en los Campos. En 2009 viajó a Madrid a declarar en la Audiencia Nacional con el también deportado Jesús Tello, ya fallecido. La investigación judicial es hoy papel mojado.

que la tierra te sea leve, compañera Conchita!

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