Historia 3: Laredo y Los Cortes de Pelo Femeninos (y 3)

Preparando la Semana Santa

Se cumplen ahora 80 años, de un suceso que va a marcar la vida de unas jóvenes laredanas. Aquel año de 1938, la Semana Santa discurriría entre el 10 de Abril, Domingo de Ramos, y el 17, Pascua de Pentecostés.

La Iglesia de Santa María se preparaba para la Semana Santa, remozando sus pasos procesionales y preparando el templo con sus mejores galas. Todo ello dentro del recogimiento que suponía la Semana Santa en sí y el que también potenciaba el nuevo régimen. También recibía con curiosidad y expectación al Padre Sarabia, joven sacerdote encargado de las Misiones Pastorales que pone en marcha el Obispado de Santander tras la entrada de los nacionales.

Se preparaba la Capilla de San José para las confesiones que iba a realizar el sacerdote y un ayudante técnico eclesiástico, entonces llamado sacristán, que luego se trasladaría a Castro Urdiales, quiso recibirle con una broma que, fuera así o no, acabó en consecuencias dramáticas. Ideó embardunar la celosía que separaba al confesor de las mujeres con excrementos animales, de manera que el confesor pensaba que “aquella mujer olía mal” y la mujer creía que “el confesor traía un olor insoportable”. Acostumbradas algunas feligresas radicales a la nueva política de acusaciones sin fundamento, eligieron a un grupo de muchachas que tenían en común las ganas de vivir,  frente a una nueva sociedad cada vez más gris, por lo que las “beatonas” las consideraban unas irreverentes y, como no, unas rojas. “Eran culpables de haber cagado en el confesionario”.

Hablando con una víctima conocida de la práctica de los Cortes de Pelo sobre su terrible experiencia,  aclaró que a ella sólo se lo habían cortado una vez, añadiendo “PERO EL DÍA QUE ME LO CORTARON A MÍ, ÉRAMOS DOCE”, declaración de gran impacto.

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Nos aclara que no fue en la Cárcel de Santa Catalina sino en un edificio que ocuparon temporalmente las nuevas autoridades o los nuevos dirigentes políticos, que actuaban con una impunidad absoluta: el Palacio del Marqués de Valtierra, que luego ocuparían las Escuelas de “Pesca” y en la actualidad ocupan, paradójicamente, los Juzgados.

Dieron la orden a un falangista al que, ante los reparos que presentaba, un “superior” le sacó la pistola con la amenaza de “si para mañana cuando llegues no tienen el pelo cortado, pruebas ésta”. Entre lágrimas, nos confiesa la víctima y testigo, cumplió la orden el falangista. Su superior, al llegar por la mañana, tras ver cumplida la orden la culminó obligándolas a tomar un gran vaso de aceite de ricino “para que nos ensuciáramos encima”, añade.

La edad de la víctima hace que su memoria se resienta al pedirle que la fuerce para recordar a sus compañeras y apenas pudo nombrar a cuatro de ellas y con una descripción tan genérica que era difícil identificarlas. Entrevista a entrevista,  casi hemos podido cerrar la nómina de jóvenes víctimas.

La mayor parte de ellas eran unas niñas y el denominador común era su falta de participación en actividades reivindicativas, salvo una de ellas

Gutiérrez Fernández, Fructuosa (María)Fructuosa Gutiérrez, conocida como María “La Tuerta”
  • María, con 22 años, era la única con una cierta práctica reivindicativa en su trabajo.
  • Nuestra testigo, 15 años, un hermano en el frente y luego encarcelado.
  • Otra compañera de 15 años, con su hermano Guardia de Asalto que está en la Cárcel de Laredo en espera de Consejo de Guerra que se celebrará en 1942. (Su sobrina mantiene que la bajaron por la Cuesta del Infierno arrastrada de los pelos hasta el Palacio).
  • Su hermana, a falta de dos semanas para cumplir 18.
  • Otra compañera cumpliría 17 dos días antes, el Lunes de Pascua. Su familia era de izquierdas.
  • Otra más con antecedentes familiares izquierdistas, también tiene 17 años.
  • 17 tiene también la sobrina de un miliciano caído en el Norte de Burgos.
  • Una madre soltera cuya pareja había caído en el Frente de Vizcaya, de 19 años.
  • 19 años tiene la hermana de un condenado a Garrote Vil, ejecutado al mes siguiente.
  • Dos localizadas marcharon a vivir fuera de Laredo y desconocemos su fecha de nacimiento. Tendrán 17 ó 18 años a lo sumo.
  • Nos falta por identificar a la número 12

Todas estas mujeres víctimas sólo nos consta haberlo sido en esa ocasión, salvo la popular “María, La Tuerta” que relataba ella misma toda su vida que le habían castigado muchas veces. Además de cortarle el pelo la ponían a disposición de las monjas del Asilo, que la mandaban a limpiar las casas de los nuevos caciques y, con el pelo cortado, a limpiar de rodillas la Iglesia Parroquial en horas de culto, para ser exhibida.

Varias de esas mujeres, además de las citadas se fueron a vivir enseguida fuera de Laredo. Una de ellas murió joven; quienes la conocieron dicen que atormentada por este hecho.

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