Los Cortes de Pelo Femeninos (1)

En la España previa a la II República se da una situación de relegación de la mujer en los ámbitos políticos, sociales y culturales que se fue corrigiendo con una política educativa y una legislación social positiva hacia ese colectivo.

En Laredo, sin embargo, donde el trabajo predominante era el mundo de la pesca, la mujer tiene una mayor presencia, por un lado porque es partícipe de dichas tareas, bien como trabajadora en la industria conservera, bien ayudando a las tareas de los Pósitos (barcas y barcos de pesca), bien administrando la casa en las ausencias del padre de familia. Tiene también trabajos dobles (que poco hemos avanzado!), en las tareas domésticas o en los extras que se producen en los hogares que tienen el privilegio de disponer de una “viña” (pequeño huerto para el autoabastecimiento familiar.

Esta autonomía de las mujeres se refleja también en la alta presencia de éstas en las actividades culturales y recreativas que se prodigaban en el pueblo en número importante. Grupos teatrales, rondallas y corales aparecen con una frecuencia sorprendente.

La sublevación militar que trajo la guerra civil dio un nuevo protagonismo a las mujeres, al suplir a los hombres que se iban al frente, en tareas de apoyo al régimen legal, mediante una mayor presencia en actos benéficos de ayuda a las acciones sociales del Ayuntamiento o de recogida de fondos para la milicia. Se produce además una presencia, significativa para la costumbre de la época, en los ámbitos políticos.

La represión de la población fue convirtiéndose en la nota dominante y constante del avance del ejército sublevado. Según avanzaban las tropas franquistas y «liberaban» pueblos y ciudades, se instalaba en estos una particular forma represora que afectaba a hombres y mujeres. Si para todos supuso una pérdida de derechos y libertades, en el caso de la mujeres fue doblemente acentuada, ya que el nuevo régimen trata rápidamente de imponer un modelo de mujer sumisa y silenciada, encerrada en el ámbito de su hogar, que tiene la obligación de mantener para su marido e hijos.

“La mujer para los franquistas era una menor de edad crónica y silenciada, recluida en el hogar” (Alfonz de Santa Gadea, Marzo de 2013).

_s7qb6squjjyzerkevb7o_08fd696c

También para las mujeres se extendería una práctica represiva. Además de la cárcel o el fusilamiento (en Laredo solo tenemos un caso), debe sobrellevar el dolor por la pérdida de los hombres en el frente, en las ejecuciones o en los procesos “judiciales” que les llevaban a prisión, se generalizó un ritual de humillación consistente el el rapado del pelo, la ingesta de aceite de ricino y la exposición pública de la víctima, bien dándoles paseillos, bien obligandolas a realizar trabajos públicos, como la limpieza de iglesias o centros públicos exhibiendo su situación de “pelona”. La decisión sobre estas prácticas la tenían en sus manos los nuevos caciques locales.

Laredo tampoco se libró de estas pràcticas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s